Esas tierras de nadie…

Junio 05, 2016 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Lo que se vio y se encontró en el tenebroso Bronx, a cinco cuadras del Palacio presidencial y a otras tantas de la Alcaldía de Bogotá y de la emblemática Plaza de Bolívar, no tiene nombre: manzanas de casuchas convertidas en antros de venta y consumo de droga; niños y niñas prostituidos por los malhechores; depósitos con toda clase de estupefacientes y de armas; hampones que desarrollaban y expandían su infernal negocio ahí, en el corazón del país, a los ojos de todo el mundo, en especial, de la Policía; suciedad; pestilencia; depravación; vidas arruinadas por el vicio; jóvenes y niños tirados en el suelo, drogados, alejados de los suyos durante años; y hasta cartas de amor y de arrepentimiento escritas por los drogadictos a sus familiares y pegadas a las paredes junto a la imagen del padre Javier De Nicoló, como algo que los atara a un sentimiento o un recuerdo grato en sus horripilantes vidas.Y lo que se supo del Catatumbo por el diario escrito durante su secuestro por la reportera Salud Hernández-Mora, si bien no es macabro, muestra que ese es otro territorio donde la autoridad del Estado no existe y, por el contrario, rige la de los grupos armados que se pasean frescos por la zona: “Aunque hay policía, jamás abandonan su cuartel por temor a que los maten. Tampoco el batallón, situado a la salida de la localidad, impone autoridad alguna. El mando y control lo ejercen las Farc, el ELN y el EPL,” escribe Salud.Y de las investigaciones hechas por el columnista León Valencia se ha conocido que los paramilitares y Bacrim están dedicados a copar cada centímetro de tierra abandonado por las Farc en su ruta a la paz y al tránsito hacia el post conflicto.Y lo que se lee de los reportes donde operan las Bacrim, es que allá mandan única y exclusivamente los jefes de esas bandas que se dedican al tráfico de narcóticos y a la minería ilegal.Y de lo que se colige por los relatos basados en el diario vivir de las comunas de Medellín y de otras zonas urbanas del país donde operan distintas pandillas, es que allí existen rayas imaginarias entre barrios y entre cuadras, que no pueden traspasarse porque eso equivale a desafiar la autoridad del ‘dueño’ del territorio siguiente y a exponerse a recibir unos cuantos tiros que se llevan la vida de quien se atreve a cometer semejante transgresión.De modo que el Estado se limita a mandar en zonas de Colombia, pero no hay un monopolio de la fuerza por parte del mismo, como en muchos lugares también las vías, y las escuelas, y los centros de salud, y los lugares de acopio de los productos de los campesinos, brillan por su ausencia.Todo ello, unido a la falta de control policial en las ciudades, a la ausencia del Estado en gran parte del campo colombiano y al hecho de que haya infiernos como el Bronx, situados en el corazón de donde se ejercen los poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial, hace que sea legítimo preguntarse: ¿Y qué diablos han hecho los gobiernos de este país en los últimos 70 años, que no han sido capaces de desarrollar, modernizar y darle equidad a esta tierra, de modo que aquí se genere una paz duradera y se controle, por lo menos, el centro de la capital para garantizar que uno de los principales vecinos del Presidente de la República, de los congresistas y de los magistrados no sea semejante nido de delincuencia y de degradación humana?www.patricialarasalive.com

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