Entre justicia y perdón

Entre justicia y perdón

Junio 09, 2013 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Ante la posibilidad cada vez más próxima de la firma de un acuerdo de paz, vale la pena releer la columna publicada el miércoles en El Tiempo por el historiador Jorge Orlando Melo.Dice él que el dilema entre justicia y perdón es muy difícil en Colombia porque no estamos ante una guerrilla idealista que se enfrenta a un Estado brutal y opresor, o ante un gobierno justo y respetuoso del derecho que reprime a unos delincuentes brutales. Nuestra violencia, dice, “es como la vida: confusa, contradictoria, sin fronteras claras. Todos son al mismo tiempo víctimas y victimarios. Los que han matado lo han hecho para vengarse de la muerte de sus padres, de la pérdida de sus bienes o de sus tierras, por parte de los otros. Unos se ven como protectores del pueblo oprimido y explotado: luchan por una sociedad más justa. Otros sienten que defienden su vida y sus derechos de una guerrilla ilegal y criminal, que secuestra, viola los principios humanitarios, ataca y ejecuta a civiles indefensos (…). Por esto, el nudo central de la negociación, agrega Melo, va a ser la aplicación de la justicia: cómo encontrar el equilibrio entre la voluntad de negociación, la necesidad de dar a la guerrilla un tratamiento penal favorable y la obligación de castigar los delitos más graves y de satisfacer a sus víctimas. Para los miles de familiares de secuestrados, civiles muertos, soldados caídos en emboscadas, una amnistía o un indulto general son, moral y políticamente, inaceptables. Para la guerrilla, cuyas bases civiles fueron liquidadas en forma criminal por los paramilitares y sus aliados, resistir con las armas era una obligación moral y política, y por eso no van a aceptar que ellos eran los asesinos y no las víctimas”.Esa es la razón por la cual, frente a ese dilema, como dice Melo, como también lo escribió el israelí Amos Oz en un precioso artículo titulado La Mujer en la Ventana, y como lo creemos quienes nos hemos preocupado por entender el porqué de nuestra guerra y, para conseguirlo, hemos escuchado el corazón de quienes componen todos el espectro del conflicto -militares, guerrilleros, paramiltares, víctimas-, la única alternativa que existe es mirar y comprender la vida en toda su complejidad, sin encasillarla en negros y blancos, en buenos y malos, en culpables e inocentes, como lo hace la justicia.Si logramos darnos cuenta de que todos hemos sido buenos y malos al mismo tiempo, y de que todos, también, hemos sido o podríamos llegar a ser víctimas y victimarios a la vez, el conflicto tendría una solución, no en el papel, sino en la realidad, pues estaría enraizada en los corazones de la gente que, al haber sido capaz de ponerse en el pellejo de sus enemigos, llegaría a comprender que, para cada uno de los actores de esta guerra, la suya ha sido una guerra justa, no obstante que a quienes nos ha tocado la cómoda posición de mirar los toros desde la barrera, la guerra nos haya parecido sinsentido e injusta.Si los unos y los otros entienden las razones de sus ‘enemigos’, perciben el daño que han causado y se arrepienten de verdad y de manera manifiesta del dolor ocasionado por ellos, habrá perdón.En ese momento, el castigo, aun cuando seguirá siendo un tema importante, dejará de ser un obstáculo… Porque como dice Amos Oz, parte de la tragedia “es la incapacidad (…) de imaginarnos mutuamente”.

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