El postconejo

Diciembre 04, 2016 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

Refrendado el acuerdo de paz por el Congreso, nos corresponde pasar la página y hacer lo posible para que la paz funcione. De nada vale discutir si el Congreso era o no la instancia apropiada para refrendarlo. Por supuesto que lo era. Pero como el Presidente se empeñó en que se refrendara mediante plebiscito e, incluso, se enfrentó por ello con las Farc que se oponían a que se utilizara ese mecanismo, fue víctima de su propio invento y, ahora, los partidarios del No dicen que les pusieron conejo, no obstante que el 64% de los colombianos no votó, que ganaron el plebiscito apenas por cincuenta mil votos, y que al nuevo acuerdo se le incorporaron casi todas las peticiones de los del No, salvo las que eran inamovibles para las Farc: que las penas no las pagaran en cárceles con barrotes y que pudieran ser elegibles al Congreso y demás cargos de elección popular, lo que constituye la última razón de ser de cualquier proceso de paz.Pero hay un argumento fundamental para enterrar ya el cuento del conejo: si se considera que el Presidente es el máximo responsable del orden público en el país, y que su deber principal es mantener la paz en el territorio nacional, Santos no sólo tenía la posibilidad sino el deber de encontrar cuanto antes el mecanismo para que el acuerdo de paz se refrendara e implementara de inmediato: el cese al fuego estaba a punto de desbaratarse y ya, los enemigos agazapados de la paz, que siempre los ha habido y de los cuales tanto hablara el entrañable Otto Morales Benítez, envalentonados por la incertidumbre, habían empezado a matar aquí y allá, como queriendo repetir el genocidio contra la Unión Patriótica: cinco atentados en un fin de semana contra líderes sociales y defensores de derechos humanos, en los que dos resultaron muertos; más otros treinta asesinatos ocurridos después de que entrara en vigencia el cese al fuego bilateral y definitivo; más el incidente en el que fueron dados de baja dos guerrilleros de las Farc, son prueba de que la situación era alarmante y de que había que activar ya los mecanismos de verificación y las garantías de seguridad contempladas en el acuerdo.Ahora, refrendado este y en vía de implementación, tendremos a las Farc desmovilizándose y, en cinco meses, estarán desarmadas totalmente y convertidas en partido político. Y, si todo sale bien, el país habrá empezado a aclimatar la paz y se estará acostumbrando a que esos tipos, que eran vistos como demonios, anden por ahí, opinando cosas con las que no está de acuerdo, pero sin que le hagan mal a nadie.Claro que todo sería más fácil si eso no fuera a ocurrir cuando estuviera arrancando la campaña electoral y, básicamente, hubiera unos candidatos que prometan hacer cumplir a cabalidad los acuerdos de paz, y otros, de la oposición, que seguramente buscarán hacerlos ver como un fracaso. Por supuesto que todo sería más fácil si a los políticos les importara más el bien de esa Patria a la que tanto dicen servir y defender, que su propio éxito electoral unido a las prebendas que detentar el poder les significa. Por eso, la gran parte de la tarea, ahora les corresponde a las Farc: si el próximo año ellas demuestran que sí tienen voluntad de paz, que cumplen al pie de la letra los acuerdos y que, por eso, el país vive mejor, los que insisten en el conejo habrán perdido audiencia. Pero si ocurre lo contrario, sería elegido Presidente el candidato de la oposición… Y él desbarataría los acuerdos.¡Quiera Dios que no!www.patricialarasalive.com

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