El Papa y sus milagros

Diciembre 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

“En la batalla democrática no puede haber odios... pero sí debe haber unas convicciones”, dijo el expresidente Uribe a la salida de la reunión que, gracias a los buenos oficios del procurador Fernando Carrillo, por iniciativa del Papa, sostuvo con el presidente Santos en presencia de Su Santidad.Y también agregó: “Uno mira todo pensando en el futuro del país y, si vemos, sí se están desmovilizando 5.600 integrantes de las Farc”.Y a pesar de que luego Uribe insistió en sus inamovibles, -que son los mismos que los de los Farc pero a la inversa-, (“que los delitos de lesa humanidad no vayan a tener una sanción adecuada” y “que la elegibilidad para los cabecillas se dé después de que hayan cumplido una pena”), el hecho de que el jefe de la oposición diga “que en la batalla democrática no puede haber odios,” y que reconozca como un hecho positivo que 5.600 guerrilleros de las Farc se estén desmovilizando, ya es una consecuencia muy positiva de la mediación papal.Porque así los periodistas escépticos insistan en que la reunión no sirvió para nada y en que el Papa no tenía nada qué hacer como mediador de un conflicto entre dos políticos locales, si Su Santidad, con el peso inmenso que su palabra debe tener sobre la conciencia de estos dos católicos, logra que Uribe modifique ese lenguaje suyo que no ha hecho más que polarizar al país y regar como si fuera pólvora el odio en el corazón de los colombianos; y si consigue que Santos regrese a su mantra inicial de “no pelear con Uribe”, se respirará otro ambiente en el país y las discrepancias de los colombianos comenzarán a ventilarse sin que recurran al odio y a las descalificaciones personales, simplemente por el hecho de que imitarán la conducta de sus jefes.Y ese ya sería un logro impresionante. Porque no se trata de que haya unanimismo. Se trata de que los desacuerdos se discutan con un lenguaje constructivo, que no incite a la violencia.Ahora, a la salida de la cumbre papal, Uribe insistió en algo que es imposible, esto es, que el gobierno “afloje” su postura en el proceso de implementación, es decir, que modifique los acuerdos con las Farc. Y eso no puede ocurrir, porque equivaldría a que el gobierno incumpliera un compromiso celebrado con la contraparte, y ratificado por el Congreso.De modo que, a estas alturas, como amante de esta Patria, que Uribe dice ser, lo que tendría que pensar es en cómo va a ayudar a que la desmovilización de esos 5.600 guerrilleros de las Farc nos traiga paz. Pero, ante todo, lo que debe es reflexionar sobre qué banderas políticas va a defender a partir de ahora, cuando ya no existirán las Farc.***¡Habemus Procurador!¡Qué diferencia! Mientras el exprocurador Alejandro Ordóñez se convirtió en el portavoz del odio, de la polarización, de la desconfianza y de la descalificación de los esfuerzos para conseguir la paz, el nuevo procurador general, Fernando Carrillo, se empeña en fomentar el entendimiento entre los colombianos, en derrotar la polarización y en trabajar por la buena convivencia y, con sigilo, y sin shows mediáticos, logra lo que parecía imposible: que una vez acabada la guerra entre el gobierno y las Farc, el Papa se involucre en la tarea de conseguir que amaine la guerra entre Santos y Uribe para que así se aclimate definitivamente la paz entre los colombianos.Y a todos ustedes, queridos lectores, les deseo una ¡Feliz Navidad!

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