Documental imperdible

Documental imperdible

Enero 28, 2018 - 08:45 a.m. Por: Patricia Lara

Nadie debería dejar de ver la cinta ‘Ciro y yo’, dirigida y realizada por Miguel Salazar.

Es un trabajo importante, impecable, que tiene un gran acervo documental y que muestra cómo la guerra atropellaba a los habitantes de las zonas de conflicto, sin que ellos pudieran hacer nada para escapar de ese azar macabro que los encadenaba al sufrimiento causado por los distintos actores de la guerra.

“A mí todos me han hecho daño. La guerrilla, los paramilitares, el Ejército”, dice a sus 66 años el protagonista, Ciro Galindo, un nativo de Coyaima, Tolima, desplazado varias veces por la guerrilla, por los paramilitares, por el Ejército, quien desde niño huyó con su mamá a los llanos orientales para escapar de la violencia entre liberales y conservadores, pero cuando tenía nueve años fue dejado en un orfanato del cual se escapó y empezó a deambular por el país hasta llegar al Guaviare, donde conoció a su esposa, Anita, una indígena que murió de depresión y con la que tuvo a sus tres hijos, John, Elkin y Esneider, el único sobreviviente.

Elkin, al que le decían Memín, fue reclutado por las Farc cuando tenía catorce años y, después, al cumplir 16, fue utilizado como informante por el Ejército. Luego, acabó haciendo parte de los paramilitares, quienes terminaron por asesinarlo a los 19 años.

Jhon se ahogó en Caño Cristales a los 14 años, en 1996, justo cuando le servía de guía al director de este documental, quien había viajado a La Macarena para hacer unas fotografías. Dicha tragedia lo unió de tal manera con Ciro, que Miguel Salazar terminó haciendo esta producción de casi dos horas de duración.

“Conozco a Ciro desde hace 22 años cuando su hijo murió frente a mis ojos y de alguna manera esa tragedia nos unió de por vida”, declaró Salazar, y agregó: “seguí en contacto con él intermitentemente durante estos 22 años y en el 2012 nos reencontramos a través de un amigo en común; fue en ese momento cuando nació la idea de hacer el documental”.

El documental, narrado y filmado por Miguel Salazar, grabado entre el 2013 y el 2016, no sólo muestra la tragedia que atropelló a Ciro y a su familia, de la cual sólo quedaron él y Esneider, sino también retrata los horrores que cometían las FARC y los paramilitares, así como las secuelas de dolor que arrastraba la reacción del ejército, y deja patente, como lo escribió Piedad Bonet, la desesperante “parsimonia del Estado, de su burocracia y su torpeza, que hacen que la víctima sea como un corcho a la deriva, a la espera ansiosa de lo prometido”, en este caso una casita diminuta que después de siete años de esperanzas fallidas, por fin, el gobierno le entregó a Ciro en Villavicencio.

Pero lo más importante del documental es que nos permite palpar, en carne y hueso, lo que han sido nuestros 70 años de violencia, y entender que la historia de Ciro no es más que el retrato de la vida de desplazamiento, duelos, atropellos, pobreza, olvido y dolor que han tenido que padecer, sin que tuvieran cómo escaparse de ella, los siete millones de víctimas de este maldito conflicto, el cual, después de ver el documental ‘Ciro y yo’, uno entiende menos cómo puede haber gente que se empeñe en continuarlo, o en aplazar que se le de jaque mate de una vez por todas, porque se detienen a medir los costos menores que trae parar la guerra, sin entender que el peor costo de todos es el de no detener la muerte.

Sigue en Twitter @patricialarasa

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