Del alcohol y el desarme

Del alcohol y el desarme

Enero 08, 2012 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

La respuesta positiva que en muchas regiones ha tenido la propuesta del alcalde Gustavo Petro, de prohibir el porte de armas en Bogotá, y el deseo de varios colegas de imitar su plan, no deben quedar sólo en buenas intenciones.Ya, por lo menos, el consejero de Seguridad, Francisco Lloreda, dijo que el porte de armas “debe ser excepcional” y anunció que en el primer período de sesiones del Congreso presentará un proyecto de ley en ese sentido. Y si bien el Gobierno habló apenas de restringir el porte de armas y no de prohibirlo, como lo hizo Petro, algo es algo: está demostrado que en los hogares donde hay armas, sus miembros tienen más probabilidades de morir violentamente.Igualmente, se sabe que hay dos factores que disparan los homicidios: que la gente ande armada y que abuse del alcohol. ¡Son dos condiciones que, combinadas, se vuelven detonante, casi infalible, de violencia! Por ejemplo, lo más seguro es que un borracho agresivo y alterado resuelva una pelea desenfundando su pistola, o manifieste alegría disparando al aire, o desfogue sus celos acabando a tiros con su mujer, con su rival, o con ambos.Independientemente de los tropiezos jurídicos que existan (por ejemplo, el de dilucidar si es competencia de los alcaldes o de los militares prohibir la tenencia de armas, etc.), es muy importante buscar la forma de que su porte, por parte de la población civil, se reduzca pronto, drásticamente.Cuando Antanas Mockus fue alcalde de Bogotá, se inventó una inteligente manera de derrotar los obstáculos propios de nuestra insoportable idiosincracia santanderista y estableció no sólo la ‘ley zanahoria’ sino el canje de las armas en poder de la ciudadanía, por bonos para comprar artículos de primera necesidad en las grandes cadenas. ¡Y disminuyeron los homicidios de manera considerable! Algo parecido pueden inventarse Petro y los demás funcionarios que han manifestado estar de acuerdo con la medida. Y algo similar puede idear el Consejero de Seguridad para salirle al paso a los múltiples palos en la rueda que con el fin de entorpecer la puesta en práctica de la norma, seguro encontrarán los abogados contratados para ello por los interesados.Y otras medidas imaginativas -no sólo la ‘ley zanahoria’- pueden implantarse para reducir el consumo de alcohol en este absurdo país donde el régimen fiscal de los departamentos establece que ¡la mayoría de los planes sociales se financien con los impuestos a la venta de licores!Así, si se logran esos dos propósitos -reducir el consumo de alcohol y prohibir el porte de armas-, mientras los tinterillos de las licoreras y de los comerciantes de armamento enredan las soluciones jurídicas, ¡serán miles y miles los colombianos que no más con la consecución de esas dos metas, ya habrán salvado su vida!***A propósito del paro impulsado por las Bacrim, me pregunto: ¿Cómo es posible que esas bandas dispongan de semejante poder, que la población les obedezca a ciegas, y que la Policía y el Ejército, en ciertas zonas, (¡nada menos que una ciudad intermedia y turística, en plena temporada de vacaciones, como Santa Marta, por ejemplo!), no tengan el control territorial que ellas tienen?Es una buena pregunta para comenzar el año...Y, a propósito, ¡les deseo un muy feliz año, queridos lectores!

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