De hippie a Premio Nobel

opinion: De hippie a Premio Nobel

“Las futuras generaciones de colombianos merecen vivir en un país donde las...

De hippie a Premio Nobel

Abril 25, 2016 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

“Las futuras generaciones de colombianos merecen vivir en un país donde las minas hayan sido retiradas del corazón y de la cabeza de la población,” escribió Jody Williams, la activista norteamericana que por estos días visita a Colombia y que, de ser hippie y defensora de derechos humanos en El Salvador y Nicaragua, pasó a coordinar lo que inicialmente parecía una utópica campaña para que se prohibieran en el mundo las minas antipersona, y consiguió, cinco años más tarde, que en la llamada Convención de Ottawa se prohibieran esas armas atroces, que están hechas más para mutilar y lisiar de por vida a sus víctimas, que para matarlas.Esa campaña, y Williams como su cabeza principal, merecieron que tres meses después, en octubre de 1997, les dieran el Premio Nobel de Paz, en momentos en que había regadas por el mundo más de 100 millones de esas minas que tienen la característica de que pueden permanecer activas hasta 50 años. La visita de Williams es especialmente interesante para este país que no tiene idea de cuántas minas hay sembradas en su territorio, y que sólo sabe que, desde 1990, han explotado aproximadamente 30.000 de ellas que han matado a cerca de 2.500 colombianos y han herido casi a 9.000, de los cuales más o menos el 60% han sido soldados y policías y el 5% niños.Para lograr su hazaña, Williams centró su acción en que se prohibiera el uso, producción y venta de esas minas; y se aumentaran los recursos para el desminado y la asistencia de las víctimas. Pero no se limitó a realizar los lobbies habituales sino que desarrolló una táctica del estilo de la utilizada por los eficaces e insoportables chepitos, unos cobradores vestidos de frac y cubilete que llegaban a horas impertinentes a las casas y oficinas de los deudores morosos, hasta que estos cancelaban sus deudas para ahorrarse la vergüenza pública. Así, Jody, luego de soñar con que lo mejor sería que la mesa de negociación la colocaran en algún campo minado de Camboya, Angola o Afganistán, de modo que el pánico a las explosiones derrotara la presión de Estados Unidos y del presidente Bill Clinton para que no se prohibieran las minas, optó por instalar en Ginebra un sistema de sonido que permitía que, en el salón donde se realizaba la Conferencia de Revisión de las normas sobre minas, cada veinte minutos se escuchara el sonido de la explosión de una mina y, simultáneamente, un contador registrara una nueva víctima, de modo que los delegados recordaran que cada 20 minutos alguien moría en el mundo por culpa de ellas. Por otra parte, había un ‘muro del recuerdo’ con fotos de víctimas y carteles que en buses y calles decían “prohíban las minas”.Con semejante campaña se fue moviendo la conciencia de los delegados y de sus gobiernos, Estados Unidos tuvo que abandonar su pretensión de doblegar la voluntad de sus aliados, y Williams y su Campaña Internacional para la Prohibición de Minas Antipersona, pasaron, en 5 años, de ser símbolos de la lucha por causas perdidas a ganadoras del Premio Nobel de Paz.“Habíamos demostrado en forma definitiva que lo imposible era posible”, dijo Williams en el discurso de recepción del Premio Nobel. “Las únicas limitaciones reales que enfrentamos son las que nosotros mismos nos imponemos”, concluyó.***Williams estará en entrevista con Alberto Salcedo Ramos el 1 de mayo a las 3 p.m. en Corferias, y conmigo el 29 de abril a las 10:30 a.m. en el Gimnasio Moderno de Bogotá.

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