¡Clave!, Mora

¡Clave!, Mora

Marzo 29, 2015 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

De la polémica que se suscitó con el supuesto retiro del General Mora de la mesa de La Habana, quedan secuelas positivas: La primera, que se fortaleció su posición como negociador entre los círculos del gobierno y de la opinión, lo cual debe tenerlo contento no solo a él, sino también a las Farc, porque si por alguno de los negociadores del gobierno sienten ellas respeto es por el General Mora, a quien consideran un guerrero de honor y un militar de principios con quien se pueden entender más fácilmente que con los civiles, pues hablan el mismo lenguaje del guerrero. Ello ocurre también con el General Naranjo, aunque fue mucho más Mora su enemigo en el campo de batalla.(Eso, apreciados lectores, lo sé a ciencia cierta pues hace un mes estuve en La Habana y hablé con casi todos los comandantes de las Farc. Y también lo he hecho con el General Mora).La segunda, es que quedaron claras, una vez más, las marrullas que practican el uribismo y muchos de los opositores al proceso. Porque cuando los Generales Mora y Naranjo eran miembros permanentes en la mesa, el uribismo no hacía más que repetir que se estaban negociando con las Farc cambios en la doctrina militar y en la estructura de las Fuerzas Armadas. O sea que, para ellos, la presencia de los generales en la mesa, antes, no era garantía de que se respetara la integridad de las Fuerzas Armadas. Pero apenas el Presidente anunció que ya ellos no estarían de manera permanente en La Habana, porque había otros militares negociando los temas específicos, y que ambos se dedicarían a explicar en los cuarteles las ventajas de esta negociación de paz, entonces sí, ambos generales, se convirtieron para la extrema derecha en los ejes fundamentales del respeto a la integridad de las Fuerzas Militares en el proceso. Es más, cuando el Presidente incluyó al General Mora como negociador en La Habana, Uribe, si mal no recuerdo, armó uno de sus escándalos al decir que así se irrespetaba a las Fuerzas Armadas y se atentaba contra su honor. Y ahora el Procurador, -el ventrílocuo de Uribe-, salió a vociferar que se hallaba “perplejo” con la decisión del Presidente de excluir a los generales de la mesa de negociación, lo cual consideró un nuevo viraje que generaba desconfianza en la opinión. (¡No señor Procurador, la desconfianza la siembran usted y su senador-jefe, con su constantes advertencias mal intencionadas y de mala fe!).Y hay una conclusión evidente que surge de este innecesario alboroto, -pues está claro que los Generales Mora y Naranjo están yendo de la mano del Presidente a aclarar en los cuarteles las dudas que el uribismo ha sembrado en ellos sobre el proceso, e irán a La Habana cada vez que se requiera-: y es que más difícil que el manejo de las contradicciones en la mesa de La Habana, es hacerle entender los beneficios de la paz a la opinión en Colombia, porque Uribe sigue ejerciendo una influencia nefasta sobre casi la mitad de ella, enceguecida aún por ese amor irracional hacia “su Presidente Uribe”, quien vaya usted a saber qué carencias inconscientes de “padre protector y autoritario” les colma a tantos colombianos huérfanos de esa figura masculina (se calcula que son el 40%) que, en su interior, fija los límites y establece los derroteros. De Uribe, como de la madre, puede decirse o probarse cualquier horror, pero sus hijos políticos continúan queriéndolo. ¡Qué locura!

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