Atropellos en el vecindario

Atropellos en el vecindario

Diciembre 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

En Colombia surgen tantas noticias con cuyo desarrollo se juega nuestro futuro de guerra o paz, que navegamos en una especie de endogamia que nos impide asomarnos al mundo y ver que hay una epidemia de ébola en Liberia que amenaza con llegar a Occidente; que en Estados Unidos se gesta tal vez una confrontación racial; y que en Venezuela suceden hechos que deben avergonzar a un país que colabora en el éxito de las negociaciones de la paz en Colombia y, por ende, en la superación de situaciones que han propiciado las violaciones a los derechos humanos en nuestro territorio.Duele decir que en Venezuela se violan los derechos humanos, ¡y de qué modo! Específicamente, hablaré del atropello al líder opositor Leopoldo López, quien está preso injustamente:Los hechos ocurrieron así: el pasado 12 de febrero, Día de la Juventud, López se unió a una protesta estudiantil y se dirigió al Ministerio Público para solicitarle al Fiscal que liberara a estudiantes presos en San Cristóbal. Según su hermana, Liliana López, Leopoldo pidió que la protesta fuera pacífica y, terminada la manifestación, abandonó el lugar. Después, hubo disparos en medio de una pedrea a edificios públicos y murieron dos personas. De inmediato, el gobierno lo acusó de estar involucrado en homicidio, terrorismo, asociación para delinquir, incitación a la violencia y daños a establecimientos públicos. Esa misma noche, le expidieron orden de captura. Entonces López ingresó a la clandestinidad, pero se entregó seis días después, el 18 de febrero, en un acto en el que lo acompañaron cerca de seiscientas mil personas.Cuando lo encarcelaron, lo llevaron de inmediato a la zona de castigo de la cárcel Ramo Verde, lo aislaron y solo le han permitido visitas de su esposa, padres, hijos y hermanos. Pero esas visitas se las han suspendido en varias oportunidades, a veces por períodos de quince días, alegando que lo castigan, por ejemplo, por haber llamado por teléfono a la CNN, o por protestar pacíficamente al golpear con un tubo, todas las noches, a las ocho, los barrotes de su celda. Y es sabido que la incomunicación es una forma de tortura.Los actos contra su dignidad han llegado hasta el punto de que el 26 de octubre, los guardias, molestos por su protesta, le lanzaron por una ventana de su celda una bolsa llena de excrementos y, durante doce horas, le cortaron el agua y la luz para evitar que pudiera limpiarse.En lo jurídico, López también ha sido objeto de abusos, comenzando porque su inocencia la demuestran la filmación que de los hechos ocurridos el 12 de febrero divulgó Últimas Noticias y la investigación que de ellos hicieron los periodistas Tamoa Calzadilla y César Batis, que les merecieron el premio Maria Moors Cabot y el García Márquez de Periodismo, respectivamente. En ellas se prueba que quienes dispararon fueron escoltas del ministro Rodríguez Tores, y no Leopoldo López ni sus allegados.La libertad de López la han pedido Amnistía Interacional, Human Rights Watch, la ONU, el Comité contra la Tortura de esa organización y varios líderes e intelectuales del mundo quienes, además, han manifestado preocupación por las arbitrariedades e irregularidas de esa justicia venezolana al servicio del gobierno.Por más de que esos atropellos sean cometidos por uno de nuestros principales aliados en el proceso de paz, nosotros, en Colombia, no podemos permanecer ajenos a ellos.

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