Amanecía como en otro país

Amanecía como en otro país

Julio 02, 2017 - 06:30 a.m. Por: Patricia Lara

El 28 de junio, al día siguiente de que se acabaran las Farc y sus miembros se despidieran de las armas que habían portado durante este conflicto que ya llevaba más de 53 años; y le dijeran adiós a la guerra, y manifestaran su voluntad de no volver a utilizarlas para hacer política ni para cometer fechorías; y, con nostalgia y miedo por su vida, se desprendieran para siempre de esas armas a las que sus dueños les tenían hasta nombres y a las que querían como a perros fieles que los acompañaron y protegieron en estas décadas de conflicto; ese día, cuando los colombianos acabábamos de ver cómo esas armas que tanto daño nos hicieron habían quedado guardadas en contenedores de Naciones Unidas que las portarían al exterior donde serán fundidas en tres monumentos, me desperté en Boston, donde me encontraba y, de inmediato, a la 7 a.m., hora de mayor sintonía y en la que se comentan las noticias más importantes de la víspera, recorrí por internet las principales cadenas colombianas de radio.

Me encontré con que, en una, un conocido comentarista político hablaba de la toxicidad de las bolsas plásticas; en otra, algo se preguntaba María Isabel sobre el exgobernador de la Guajira, después sobre el Director Anticorrupción de la Fiscalía y más tarde, sobre su parecer de que “cada vez que un guerrillero abre la boca daña todo”, etc. Finalmente, llena de asombro, sintonicé Caracol Radio y, por fin, escuché que Darío Arizmendi entrevistaba a Frank Pearl, último Comisionado de Paz de Uribe, primero de Santos, iniciador del Proceso de Paz con las Farc y miembro del equipo negociador del Gobierno, sobre el tema obvio: el de cómo comenzaron las negociaciones; las consultas que él hizo a propósito del tema con el senador Uribe; en fin, sobre los detalles desconocidos de ese acontecimiento, el final de la guerra con las Farc, que había culminado el día anterior, y que partió en dos la historia de Colombia.

Entonces pensé: si esto hubiera sido antes, si hubiera habido el más leve incidente en el Proceso, si cualquier jefe de las Farc hubiera dado alguna declaración salida de tono, si se hubiera aplazado alguna fecha del desarme o de la desmovilización, si hubiera habido un escollo en la negociación, si Uribe o cualquiera de su combo hubiera hecho alguna crítica, si la representante María Fernanda Cabal hubiera salido con alguno de sus habituales disparates, las emisoras no habrían parado de hablar. Pero como se trataba de una noticia buena, es más, de la mejor de todas, de la más importante en medio siglo, el tema no merecía atención, tal vez porque no generaba rating.

Pero díganme una cosa, ¿aparte de los deportes, del sexo y de la crónica roja, que dan rating seguro, qué genera la alta sintonía? ¿Serán acaso las noticias que están acordes con los valores de la audiencia? ¿Y quiénes, aparte de la familia y los maestros, forman esos valores? ¿No serán los medios, y entre ellos, en el caso de Colombia, la radio principalmente, y luego la Tv. con sus telenovelas deformadoras de valores y portadoras, en tantos casos, de la filosofía del traqueto, las que forman o deforman los valores?

¡Es que el hecho de que gran parte del país sienta la paz como una derrota, como afirmó la Revista Semana, hace pensar que algo anda muy mal en sus valores!

Y que ello cambie, depende, en gran medida, del buen juicio y de la responsabilidad con que actúen los mandamases de la radio y de la Tv.
Ellos, hoy, más que nunca, tienen una gran responsabilidad con Colombia...

Sigue en Twitter @patricialarasa

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