¿Al fin qué?

¿Al fin qué?

Marzo 20, 2011 - 12:00 a.m. Por: Patricia Lara

El miércoles, los liberales se pusieron felices al ver al presidente Juan Manuel Santos concurrir a una reunión del Comité Político del Partido Liberal y al escucharlo decir: “hace rato que no estaba en una reunión de éstas, con el Partido Liberal, que ha sido mi partido durante mucho tiempo y del cual, ustedes conocen muy bien, me distancié en la práctica, pero nunca me he distanciado en las ideas (…) Me siento como en casa (…) Si ustedes me consideran su Presidente, pues yo los considero mi partido.”En ese momento, las mujeres liberales, presentes en el evento, levantaron una pancarta que decía: “Santos, nuestro Presidente.” Y él, -de corazón, seguramente-, dijo emocionado: “Me siento muy honrado de ser Presidente del Partido Liberal.” Pero luego, muchos liberales supieron de su trino posterior por Twitter, y sufrieron una gran desilusión: “nadie se equivoque”, dijo. “Compartir ideas con otros partidos no significa abandonar al que es y seguirá siendo mi partido, el partido de la U”.Por encima de los ancestros liberales, de la tradición de los apellidos -Santos Calderón- y de los propios sentimientos del Presidente, se impuso, pues, esa real politik que lo obliga a buscar el apoyo del uribismo -¡por más de que le sepa a cacho!-, con el fin de sacar adelante sus principales y polémicos proyectos en el Congreso, e implantar el gobierno liberal que él desea poner en práctica.Es claro que, de todos los sectores políticos, incluido el de la izquierda que aún permanece en el Polo Democrático, el que más cerca está de hacerle una verdadera oposición a Santos, es el del ex presidente Uribe y sus amigos cercanos. Cada día es más evidente que hay políticas que distancian de verdad a esos dos antiguos colaboradores: no sólo las reflejadas en las leyes de tierras y de víctimas, en la reconciliación de Santos con el venezolano Hugo Chávez y con el ecuatoriano Rafael Correa y en su acercamiento con Germán Vargas Lleras y con el Partido Liberal, sino las que se desprenden del liderazgo cada vez mayor que nuestro actual Presidente ha ido consolidando en esta América Latina de mayoría izquierdista, que durante el mandato anterior tanto le amargó la vida a Álvaro Uribe. Ese liderazgo de Santos quedó absolutamente demostrado en el impensable triunfo que él consiguió al hacer elegir a la candidata de Colombia, María Emma Mejía, en la dirección de Unasur.E igualmente es evidente que a Santos, a diferencia de su antecesor, no le interesa emprender confrontaciones innecesarias y que, además, debe considerar que sus proyectos, que van a generar en un momento dado rupturas inevitables, tienen muchas mayores posibilidades de éxito si se desarrollan en un ambiente de sinergias, exento, en lo posible, de polarizaciones. De ahí su empeño en profundizar la Unidad Nacional. ¡Y tiene razón!Pero escucharlo decir por la mañana que se siente “muy honrado de ser Presidente del Partido Liberal” y, por la tarde, que “compartir ideas de otros partidos no significa abandonar al que es y seguirá siendo” su “partido, el partido de la U”, es bastante exagerado. O, como dirían algunos, ¡es un sapo bastante duro de tragar!

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