Ad portas de la verdad

Ad portas de la verdad

Julio 30, 2017 - 07:00 a.m. Por: Patricia Lara

El inverosímil encuentro que, auspiciado por el padre Francisco de Roux y por el exministro conservador Álvaro Leyva, se dio entre los peores enemigos de ayer -los antiguos jefes paramilitares ‘Ernesto Baéz’, ‘Diego Vecino’ y el ‘Alemán’, y los dirigentes de las Farc ‘Iván Márquez’, ‘Pablo Catatumbo’ y ‘Jesús Santrich’-, demuestra no sólo que la paz sí es posible, sino que es más fácil que a ella lleguen primero los guerreros, los que produjeron y pusieron los muertos, que los sectores de la sociedad civil que les hicieron barra y que, en la sombra, les dieron apoyo moral, logístico y financiero.

En el encuentro, que duró más de tres horas en las que se sirvieron jugos, galletas y queso, se habló de la paz, de la reparación a las víctimas y de la necesidad de desvincular las armas de la política. Además, no sólo se rompió el hielo entre estos hombres que de manera salvaje se enfrentaron a muerte durante tantos años, sino que se celebró un compromiso entre ellos para revelar y esclarecer la verdad. Así lo dijo Álvaro Leyva: “Fue firme e ineludible el compromiso con la verdad de todos, tanto como componente fundamental de la reconciliación nacional, como elemento esencial de reparación a las víctimas”. Y agregó: “El día que este país conozca lo que sucedió en los últimos cincuenta o sesenta años, cambiará, será un país nuevo”.

Y en ese punto, indudablemente, Leyva tiene razón: cuando se sepa, como ocurrió durante la violencia entre liberales y conservadores, que los propios dirigentes de los partidos eran los que azuzaban la guerra, y se conozca que detrás de las Farc estaba el Partido Comunista, y que a los paramilitares los apoyaban tales y cuales Generales, estos y aquellos empresarios, y tales dirigentes políticos; cuando se sepa que la guerra, en mayor o menor medida, fue responsabilidad de casi todos, el país será otro, porque se habrá enfrentado a su propia verdad… Entonces tendrá que involucrarse en una petición colectiva de perdón y terminará esa nefasta división entre colombianos buenos y colombianos malos que tanto ha estimulado la violencia.

Llegar a ese punto le haría mucho bien al país. Y también se lo haría a esos líderes políticos y empresariales que se empeñan tercamente en hacer añicos los acuerdos de paz porque, como todo lo indica, se mueren de miedo de que rija la Justicia Especial para la Paz y de que en ella se ventilen los nombres de los autores materiales e intelectuales y de los cómplices del conflicto, llámense guerrilleros, militares, civiles, paramilitares o empresarios. Sí, ¡cómo les haría bien que se conocieran todos los secretos de esta guerra: porque la verdad libera y hace más liviano el camino de la vida!

Por ello hay que celebrar que esta reunión entre los antiguos enemigos a muerte haya sido la primera de varias que piensan celebrar en el futuro. Porque como escribió el Padre Francisco De Roux, así se conocerá, “no la restringida verdad jurídica que se limita a responder ante el juez si se es o no partícipe en un crimen puntual de guerra o de lesa humanidad, sino, mucho más allá, la verdad de organizaciones, personas, propósitos políticos y económicos, que propiciaron la inmensa tragedia. Pero no la verdad para acrecentar los odios y los señalamientos, sino la verdad para que nos miremos en el desnudo de nuestras responsabilidades, despojados de disculpas y abogados, y para que, conscientes de todo lo acontecido, podamos transformarnos juntos”.

Ojalá así sea…

Sigue en Twitter @patricialarasa

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