¿Y eso para qué sirve?

Noviembre 24, 2014 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Se lo pregunté al exdecano de la Facultad de Matemáticas de la Universidad de los Andes: “¿Y a usted, para qué le han servido las matemáticas? Y me sorprendió su respuesta: “Las matemáticas me han servido para entender que en la vida hay problemas que no tienen solución”.No me dijo que las matemáticas le habían servido para calcular límites, integrales y derivadas; ni para factorizar mejor, ni para resolver ecuaciones en un santiamén, ni para ser decano en Los Andes. ¡A él le sirvieron para la vida! Las entendió como algo práctico, bello, aplicable y hasta poético.Qué suerte la suya, debió haber tenido grandes maestros que le enseñaron a pensar más y a memorizar menos. No le ocurrió como a muchos colombianos, que tuvimos al profesor de cronómetro en mano, ese que nos sometía a pruebas aritméticas contra reloj con un extraño complejo de director técnico de la selección de atletismo. Los primeros en llegar con la respuesta podían salir al recreo. Los demás… a odiar a Baldor.Seguramente al decano no le tocó el colegio afanado con meter en la cabeza de adolescentes de octavo y noveno matemáticas de tercer y cuarto semestre de ingeniería. Un método que no logra mucho, salvo que cinco alumnos saquen sobresaliente y el resto, el otro 90 %, quede rezagado y con la sensación de que eso de las matemáticas es una cosa dificilísima, reservada solo para mentes privilegiadas.No le tocó el maestro que se sentía importantísimo humillando a sus alumnos con cada respuesta incorrecta en el tablero, ni el que pretendía vaciar verdades inamovibles e incuestionables del balde de su mente al balde de nuestras mentes, sin que mediara reflexión alguna, sin detenerse a explicar para qué carajos servía lo que estábamos aprendiendo, o al menos cuál era la magia.Y la Ministra de Educación acaba informar que el 70 % de los estudiantes colombianos de grado undécimo obtuvo “deficiente” en formación matemática (sacaron ‘Inferior’ y ‘Mínimo’ en las pasadas Pruebas Saber). Cosa que no sorprende. Para nada. Pero valga el jalón de orejas para los colegios: menos prisa y mejores bases, menos cronómetro y más método, menos terror y más conciencia, más pensamiento, más comprensión del mundo, a ver si la tara matemática se multiplica por cero.

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