Vivan los hombres

Junio 22, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Lo que me consta es esto. Que los hombres saben amar, y son capaces de hacerlo con una devoción que no tiene nada que envidiarle a esa entrega que creemos reservada para nosotras las mujeres pero que no nos es exclusiva, pues el amor no es una facultad de género, sino una facultad humana. Que los hombres saben ser grandes amigos, que su instinto de protección no nos invalida, que saben escuchar y filtrar las angustias para entregarnos de vuelta ese consejo sabio que nos devuelve el alma al cuerpo y nos sirve como soporte para seguir caminando mientras sanamos. Que los hombres no se creen mejores que las mujeres. Que reconocen el estigma que la sociedad ha puesto sobre sus hombros, de ser los que abandonan, los que hieren, los que lastiman, en fin. Y están hastiados de ello, del mensaje de odio y de rechazo que fluye desde muchos sectores y los convierte per se en victimarios y, a las mujeres, en víctimas inmediatas. Que la vida de los hombres no es más sencilla. Que esta sociedad obsesionada con el éxito lleva siglos extirpándoles el derecho a llorar, a fracasar, a ser vulnerables, a errar y que, incluso, minimiza su rol como padres y los convierte en un apéndice extraíble de la vida de sus hijos cuando debería ser al contrario, para que no sigamos siendo un país sin padres, un mundo incompleto.Que no todos “son iguales”. Que los fieles no son “aguas mansas”. Que los caseros no son “sometidos”. Que no están “cortados por la misma tijera”. Que no “piensan solo con la entrepierna”. Que no están en guerra contra nosotras. Que no quieren un bombardeo de lecciones y reproches que los hagan sentir advenedizos e incompetentes cuando quieren cambiar pañales, preparar teteros o arrullar a sus hijos. Que cada vez más hombres han tomado nota del cambio de los tiempos y han aprendido a no confundir nuestra voz crítica con agresividad, nuestra fuerza con masculinización, nuestro liderazgo con amenaza. Claro, la violencia contra las mujeres es una realidad innegable, estamos lejos de hablar de plena igualdad, dan rabia y vergüenza las leyes que siguen viendo a las mujeres como ciudadanas de tercera clase, pero miro a mi alrededor, veo a los esposos de mis amigas, a los hombres de mi familia, a mis colegas, amigos y conocidos y lo que encuentro son muchas razones para la esperanza. Reconciliarse con la fuerza masculina, abrazarla, integrarla, debería ser el nombre del nuevo feminismo.

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