Víctimas profesionales

Febrero 13, 2017 - 03:18 p.m. Por: Paola Guevara

Hace poco, en el Hay Festival, conocí a un neurocientífico y autor español, invitado a dar una conferencia en el marco de esta feria literaria que cada año se realiza en Cartagena.

Él y su esposa son ese tipo de parejas maduras, felices y amorosas que toman cada viaje por el mundo como una oportunidad para cultivarse y aprender más sobre el lugar de destino.

Antes de venir a Colombia leyeron un libro enorme sobre la historia de nuestro país e investigaron la vida de Blas de Lezo, héroe de la batalla de Cartagena de Indias en 1741. Con ilusión agendaron un recorrido por las murallas, los museos y monumentos más representativos de La Heroica.

En el primer sitio un guía turístico energúmeno, al conocer su nacionalidad, les enrostró que los españoles violaron a todas las indias, torturaron a todos los indios, impusieron sus dioses a sangre y fuego y se robaron el oro de nuestra adolorida patria.

En la segunda etapa del recorrido les reprocharon, entre otras, que los españoles se llevaron el maíz y el tomate de América y que, para devolvernos el favor, llenaron estas tierras “con su sífilis europea”.

En un almuerzo la gota rebosó la copa. Un comensal, al saber la pareja venía de España, les dijo con furia: “Ustedes, los españoles, que trajeron a nuestra América toda su raza de criminales, sus genes de asesinos, corruptos, ladrones, violadores…”, etc.

Entonces el neurocirujano, un tipo paciente y amable, pero ya cansado de ser señalado por sucesos de lo que no tuvo más mínima culpa, le respondió a aquel hombre con sentido del humor: “Los asesinos, ladrones y violadores serán tus ancestros, ¿eh?, porque los míos se quedaron en España”.

Sobra decir que el neurocirujano y su esposa amaron Colombia y esperan pronto volver. No obstante, se preguntan por qué jamás se oye a los españoles lamentarse en cada comida, en cada museo y en cada escuela primaria “de los malvados y despiadados invasores moros que dominaron España por 800 años”.

Me hicieron recordar cuando un periodista colombiano le preguntó a Miguel Bosé, en una rueda de prensa, si después de 500 años de la llegada de los españoles a América él venía a dar su concierto “como misionero o como conquistador”. Bosé, por supuesto, montó en cólera ante el absurdo.

Y si eso nos pasa con los españoles, qué podremos decir de heridas más frescas. Razón tiene Héctor Abad, cuando dice que no hay nada más triste que convertirse “en una víctima profesional”.

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