Trump, el playboy

Trump, el playboy

Enero 30, 2017 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

En su libro (Super)héroes, ¿por qué los necesitamos?, el neurólogo y psiquiatra francés Boris Cyrulnik confiesa que uno de sus héroes de infancia fue Tarzán. No es un superhombre, es un lisiado, sin familia, solo en la selva donde todo es peligroso. Al contar su historia, él le daba forma a mis sueños: un día seré fuerte, salvaré a los animales y encontraré a Jane, escribe el autor.Cyrulnik, que sobrevivió a un campo de concentración nazi, se convirtió en un brillante académico al que le debemos el concepto de resiliencia, capacidad para no romperse ante el golpe sino desarrollar estrategias de supervivencia, aprendizaje y crecimiento en la compasión.Para un niño huérfano, sin zona de seguridad, sin red de afecto, sin familia, la imaginación es la clave, dice Cyrulnik. Un héroe podrá ayudarle a construir el sentimiento de que un ser débil posee dones capaces de hacerlo florecer a pesar de todo, dice quien también admiraba a Superman, niño sin planeta y sin padres que descubre sus superpoderes pero los oculta bajo la apariencia del periodista tímido. Y a Batman, huérfano que encuentra en el asesinato de sus padres el motor para luchar contra los criminales y preservar el orden.Qué importantes son los héroes en la infancia. Ellos nos configuran. Me dice mi hijo de 10 años que en el futuro las niñas gobernarán el mundo. Le pregunto por qué y me responde que las niñas de su colegio quieren ser cirujanas, ingenieras, presidentas, mientras los niños quieren ser Messi.Un documental sobre Donald Trump nos revela un hecho inquietante: su héroe de infancia es Hugh Hefner, fundador de Playboy que vive rodeado de mujeres hermosas y complacientes que parecen existir para refrendar su imagen del macho que se pasea en bata por una mansión estrafalaria, que alardea de su vida sexual y sus conquistas y prefiere un casino a un museo.Si definimos el éxito como la capacidad para vivir la vida en sus propios términos sin pasar por encima de nadie, y alejados de los puritanismos y la mojigatería, Hugh Hefner es un hombre muy exitoso a su particular manera. Pero Hefner preside un imperio editorial para adultos, no dirige el destino de la nación más poderosa del mundo.Ahora, Trump se erige como el héroe de ciudadanos que se sienten empobrecidos, traicionados por la política tradicional, resentidos por la presencia y poder de los inmigrantes, recelosos del poderío extranjero, sedientos de recuperar la grandeza. Las similitudes son obvias. Trump está en su derecho de ser quien quiera. Lo preocupante es que al ser representante de la vociferación, del racismo, de la homofobia, del maltrato a la prensa libre; del irrespeto sin sonrojo a las mujeres, a los inmigrantes, a los refugiados, a los vecinos, a otras razas, de inmediato se sienten autorizados para emularlo sus millones de seguidores ansiosos de transferir un trozo de su liderazgo a sus vidas corrientes. Dime quién es tu héroe, y te diré quién eres.Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

VER COMENTARIOS
Columnistas