Te dan like, luego existes

Enero 16, 2017 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Entre los muchos grandes que se llevó el 2016 estuvo el filósofo Umberto Eco, de quien recomiendo leer la obra póstuma que entregó a la imprenta pocos días antes de morir. Se titula De la estupidez a la locura, un compendio de cortos ensayos para comprender mejor el tiempo en que vivimos; esta modernidad líquida, como la llamó el recientemente fallecido Zygmunt Bauman.Advierte Eco que a los niños que crecen en la sociedad actual les parecerá perfectamente natural vivir en un mundo donde el bien principal -más importante que el sexo y el dinero- será la visibilidad. Me dan like, luego existo. Tengo 10.000 seguidores, luego existo. No habría nada de reprochable si el reconocimiento o la visibilidad fueran la consecuencia de algún logro personal, intelectual o artístico, de alguna hazaña deportiva, empresarial o algún talento, pero en el futuro -advierte Eco- la visibilidad será un valor en sí mismo, hasta el punto en que ya no habrá distinción entre ser famoso y estar en boca de todos.En el mundo del futuro (se parecerá al que ya se está configurando hoy) esta distinción habrá desaparecido; se estará dispuesto a hacer cualquier cosa con tal de que le vean y hablen de él. No habrá diferencia entre la fama del gran inmunólogo y la del jovencito que ha matado a su madre a golpes de hacha, entre el gran amante y el ganador del concurso mundial de quién la tiene más corta, entre el que haya fundado una leprosería en África central y el que haya defraudado al fisco con más habilidad, escribe. Una hipótesis interesante la tiene el escritor español Javier Marías, y la recoge el propio Eco: antes la gente al menos creía en un Dios que todo lo ve, así que hasta los más aburridos pelagatos tenían a un ser superior que vigilaba todos y cada uno de sus pensamientos y acciones y esto, de alguna manera, los validaba y les daba un tranquilizante mental.Hoy, por el contrario, la gente ya no cree en Dios. Y se pregunta Eco: ¿Qué nos queda? El ojo de la sociedad, el ojo de los otros, al que hay que mostrarse para no caer en el agujero negro del anonimato, en el vórtice del olvido, aun a costa de elegir el papel del tonto del pueblo que baila en calzoncillos sobre la mesa del bar. Notoriedad. Así sea por ser la exnovia de un pedófilo violador y asesino colombiano, que cuenta en una carta hecha pública cómo el desalmado criminal olía a bebé y era algo inmaduro al pelear. Visibilidad. Así sea para ufanarse en una entrevista nacional de haber acudido a la mentira y la manipulación para que la gente saliera a votar berraca y ganar, así, una campaña. Ser famosas. Así el precio sea dejar que les caminen tarántulas y cucarachas por el rostro. Parece tener razón Umberto Eco: El concepto de reputación ha sido sustituido por el de notoriedad”.Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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