Ser malas feministas

Diciembre 18, 2016 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Una amiga feminista me dijo que si tengo buen concepto de los hombres es porque no me he dado cuenta de lo machistas que todos son. Me dejó inquieta. ¿Será que ella tiene razón? Si me pongo a repasar episodios de mi vida en busca de ejemplos, aparecen un par de situaciones marginales que en su momento no interpreté como ataques de género sino como meros incidentes humanos. Ha habido hombres, en el contexto laboral, que me han dicho cosas como: “Yo voy a pasar por encima de ti”, “yo debería estar en tu cargo pero te lo dieron solo porque eres mujer”, “no eres bienvenida a esta empresa, no sabemos quién eres ni a quién le has ganado”, “espero que tu libro no sea otra novelita de mujeres”, “qué bien te va con tu columna... claro, a los columnistas serios nadie nos lee”, etc. No los considero una muestra representativa del género masculino. Ni siquiera me inspiran sentimientos negativos. Me inspiran, solo, cierta piedad risueña y benevolente, como cuando alguien tiene espuma de leche en el bigote y uno no tiene corazón para decirle lo ridículo que se ve. Aplico mi teoría del 10%: Siempre que el 90% te quiera, habrá un 10% que te deteste. Y siempre que el 90% te deteste, habrá un 10% que salga en tu defensa. Punto. Que haya imbéciles hace parte, simplemente, del equilibrio natural de la vida. No acuso recibo de ningún intento de minimización en función de mi género. Acuso recibo, en cambio, del 90% de buenos jefes, mentores, maestros, amigos y parejas que he tenido. El peor golpe contra el ego de un machista es no concederle el poder que reclama. Y el segundo peor es demostrarle, sin siquiera buscar demostrarle, que está equivocado. Esta semana Madonna recibió el premio a la Mujer del Año, y confesó que en sus largos años de carrera la han violentado, la han llamado bruja, Satanás, prostituta, y que incluso las feministas la criticaron por “cosificarse sexualmente”, a lo que responde: al diablo, soy otro tipo de feminista, una mala feminista, mi mérito es haber permanecido aquí 34 años. Preciosa conclusión la suya: nada más revolucionario –o más feminista- que permanecer empoderado. Seamos malas feministas como ella: permanezcamos en el arte, en la industria, en la academia, en la política, en la opinión. Permanezcamos en el juego el tiempo suficiente para abrir mejores caminos a las mujeres que vendrán. A lo mejor así, a la vuelta de 34 años, los machistas dejarán de ser un 90% y serán, solo, ese 10% de lo inevitable. Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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