Por qué ‘La la land’

En defensa de ‘La la land’

Febrero 27, 2017 - 12:05 a.m. Por: Paola Guevara

Mucho se ha escrito sobre ‘La la land’. Se dice, por ejemplo, que se trata de una película edulcorada, sobrevalorada, innecesaria, fatua, anticuada, un escape frívolo para tiempos difíciles; una afrenta racista donde un blanco salva al jazz y donde el único negro de la película aparece solo para pervertir esta música y convertirla en un éxito comercial.
Leí, incluso, a un comentarista de cine que la acusaba de ser el resumen del pensamiento de Trump sobre el clásico sueño americano, blanco y 100% libre de inmigrantes latinos y musulmanes.

Qué ganas de politizarlo todo. Ahora se le exige un discurso electoral, racial y sociogeopolítico hasta a la más inofensiva de las películas de Hollywood.

Justamente ese es el encanto de ‘La la land’: que no hace ninguna de esas cosas. Es cine por el puro placer del cine. Es un homenaje a esa máquina de sueños llamada Hollywood.

No es realista, dicen, y qué bueno que no lo sea. Que subsista un espacio simbólico donde los enamorados vuelen entre estrellas, leviten y se sepan los mismos pasos de tap tras la primera mirada. Que un pianista blanco busque algo tan pretencioso como salvar el jazz, con la grandilocuencia de su juventud. Que una actriz debutante enaltezca a los tontos, a los frágiles, a los soñadores. Que los dos se reconozcan causantes de un gran desastre amoroso en medio de su apabullante narcisismo.

Podrán decir lo que sea. Pero si sienten que la película es frívola quizá se hayan quedado solo observando el vestuario y los pasos de baile porque, en el fondo de tanta vistosidad aparentemente liviana, ‘La la land’ es una demoledora disección amorosa que grita a la cara: no tenías que salvar al mundo, ni al jazz, ni a los monólogos femeninos, solo tenías que salvar el amor y lo demás habría hallado la manera de salvarse por sí mismo.

La forma de ‘La la land’ quizá encandila, embelesa con su música y sus perfectas secuencias imposibles, pero solo como antesala para plantearnos la más brutal y despiadada de todas las preguntas amorosas: qué hubiera sido si... El doloroso y eterno ‘What if’ que para los realistas es inocuo pero que, para los soñadores, tiene todo el sentido del mundo.

Hay amores que nos conducen a nuestro destino, sin ser ellos nuestro destino. He ahí la tragedia que solo podremos digerir con una buena sobredosis de jazz, de baile, de vestidos hermosos, de museos y ciudades bañadas de luz dorada. Para todo lo demás, está el noticiero del medio día.

*Editora de Vé y Sé

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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