Onicomicosis de la TV.

Onicomicosis de la TV.

Marzo 30, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

El otro día no pude terminar de almorzar. Cometí el error de encender el televisor y sintonizar el noticiero del medio día, y no pude saber qué era más desagradable: si el video de Nicolás Gaviria gritando una y otra vez “usted no sabe quién soy yo” o el comercial contra la onicomicosis que muestra, sin recato, un hongo inmundo que ataca las uñas de los pies y se come la carne viva de los dedos. Suficiente ilustración. Cambié de canal para disfrutar el postre al menos, pero me topé con otro comercial nacional. Esta vez promocionaban un producto contra los problemas de encías y, para dejar las cosas bien claras, un hombre escupía en dos lavabos: en el primero, saliva blanca; en el segundo, sangre. Aparté de mi vista el flan de moras que me disponía a saborear y cambié de canal. Pero hirió mis ojos la imagen de un gurú del adelgazamiento con acento costeño, quien sostenía entre sus manos un enorme bloque de cebo y aseguraba que así luce la grasa que hombres y mujeres podremos eliminar de nuestro organismo al consumir su potaje reductor de peso. Fin del hambre. Estos se sumaron al comercial de una niña feliz porque un nuevo alimento concentrado deja firmes las heces de su perrito. No le bastó con decirlo, ella acercó a la pantalla la pala recogedora y nos enseñó a los inermes televidentes los trozos de excremento de su mascota. ¿Habrá derecho a esto, y a que nos expliquen con animación digital el proceso de desecación de los barros y las espinillas?Llegó la hora de volver al trabajo y en el camino pensé en mi hermano, quien acuñó un término brillante: “La toallización de la televisión colombiana”, pues desde temprana edad -se quejaba él- los comerciales le robaron su inocencia de niño y le enseñaron cuántos frascos de líquido violáceo le caben a una toalla femenina, qué tipos de alas existen en el mercado y cómo proteger los panties tipo tanga. Cada vez más explícitas, literales, son las imágenes de cierta corriente publicitaria que no respeta almuerzos ni sensibilidades, y que apela a la flema y a la tos carrasposa como argumento de venta. En últimas hasta contraproducente resulta, porque no recordamos el nombre de ninguno de estos productos (seguramente excelentes, eso no lo discuto), sino la sensación de asco que nos causó su comercial. Concluyo que resulta siempre mejor, en el escote y en los comerciales de televisión, dejar algo a la imaginación.

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