Noticias ácidas

Abril 07, 2014 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Noticiero del medio día. Un reportero explica con lujo de detalle dónde comprar ácido sulfúrico, con todo y factura legalmente expedida, para luego revelar -como si se tratara de un gran hallazgo investigativo- el precio de la botella recién adquirida.Pretendían, quizá de buena fe, alertar a las autoridades sobre la facilidad con que se pueden cometer ataques con ácido en Colombia. Pero de 'buena fe', con no poca frecuencia, algunos noticieros se convierten en escuelas del delito que esparcen sobre millones de mentes datos sin contexto, información que no ha sido pasada por el tamiz de la reflexión ni el más ligero análisis de pertinencia. Es sintomático el boom de los videos de cámaras de seguridad en las emisiones noticiosas, que se regodean en las imágenes de comisión de hurtos y repasan hasta el cansancio los errores y aciertos cometidos por los asaltantes, quizá para que la próxima vez los truhanes puedan estar mejor preparados. En el caso específico de los ataques con ácido urge una reflexión nacional sobre la forma de cubrir estas noticias. Para ello, hay que sacar el debate de las salas de redacción y enriquecerlo con el punto de vista de la academia, de psicólogos, psiquiatras, médicos, juristas, filósofos, sociólogos, educadores y estudiosos de la violencia de género.Se ha probado que las noticias sobre suicidio ocasionan un “efecto de contagio” entre quienes están en el límite entre atentar o no contra su propia vida. La conciencia sobre estos fenómenos, por tanto, ha exigido a reporteros y editores redoblar la prudencia informativa. En Estados Unidos donde, cada vez con más frecuencia, un joven se atreve a tomar un arma, entrar a una escuela y masacrar niños y maestros inocentes, los medios americanos ya discuten, con todo y su competitividad salvaje, si es ético cubrir con tanto detalle este tipo de hechos. Los británicos lo hicieron en su momento, cuando un pacto de medios hizo posible dejar de registrar los ataques de los hooligans en las tribunas de los estadios. Así, mientras los agitadores buscaban visibilidad y legitimación antisocial, la cámara se quedaba clavada en la pelota en señal de rechazo.No sería justo ni democrático negar o silenciar el drama de las víctimas de ataques con ácido, lo que sí podemos hacer es, de manera conjunta, plantear un código ético para el tratamiento noticioso de este tipo de hechos, de lo contrario, mientras la decisión recaiga sobre el reportero de turno o esté guiada por el afán ciego de rating o de clics, seguiremos sin estar a la altura del drama de Natalia Ponce de León y de los más de 920 colombianos que han sido víctimas de ataques con ácido en los últimos 10 años.

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