Nosotros los “normales”

Agosto 14, 2016 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Deberían crear una cartilla para reeducarnos a nosotros, los adultos heterosexuales que recibimos una “educación” basada en el silencio, el misterio, la ignorancia, la culpa, el estreñimiento sexual y el prejuicio. Recuerdo que al cumplir los 13 años las monjas nos encerraron a mis compañeras de colegio y a mí en un cuarto oscuro y nos hicieron ver un video que mostraba, de la forma más sangrienta, cómo se practicaba un aborto, cómo unas cucharillas destrozaban un pequeño cuerpo, cómo tenazas metálicas hurgaban en un vientre, cómo cadáveres de fetos iban a parar en canecas. Al final las monjas encendieron las luces, ante nuestra mirada atónita, y vino la única frase de educación sexual que recuerdo de toda mi época de colegio: “Niñas, ya lo saben, dejen algo para después”. Muchas de nosotras lo hicimos, “dejamos todo para después”, pero no por estar mejor formadas, no por ser más castas, sino por sincero pánico a la reproducción humana, a la maternidad, al placer, al sexo. Por supuesto comprendo que en el fondo estaba el deseo de hacernos un bien, de enseñarnos que las acciones tienen consecuencias y que la vida y la sexualidad no son un juego y conllevan una inmensa responsabilidad. Pero lo cierto es que la incuestionada formación para la heterosexualidad que nos han impartido a muchos de nosotros se ha valido de métodos francamente aberrantes, violentos y castrantes.Lo hablaba en estos días con el escritor Fernando Quiroz, autor de la valiente novela ‘Justos por pecadores’: ¿Cuántos años tardará uno en reeducarse, en superar su deformación culposa? Quizá no nos alcance la vida.Porque no solo se ha impartido en los colegios y las universidades “bien” sino en casa, como un compañero de la facultad de derecho a quien su padre lo forzaba a ver, desde los 6 años de edad, películas porno para que aprendiera cómo ser macho.No somos tan normales como nos gusta pensar. Qué de normal pueden tener la mojigatería, la homofobia, la creencia en que todo es blanco y negro; la legitimación de la violencia física, verbal y psicológica, subliminal o directa, por acción o por omisión, contra los que no encajan en nuestra concepción de familia estándar, de pareja estándar, de sexualidad estándar. Normal debería ser la compasión, no permitir que un solo joven considere el suicidio como la única salida ante lo que no puede cambiar de sí mismo. Qué normal puede ser, creer que todo lo que no cabe en una casilla –incluido el amor- es pecado, aberración, motivo de escándalo y lapidación pública. Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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