Madurar a la fuerza

Septiembre 01, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Hay varias lecciones dolorosas que la crisis fronteriza con Venezuela nos deja a los ciudadanos de a pie.Primero: la importancia de no pactar con el diablo. Vender el voto o transarlo a cambio de una nacionalidad se paga muy caro pues se alimenta al tirano que luego, cuando tenga asegurado su poderío, desechará a los que ya no necesita.Segunda: tenemos los líderes que nuestra desidia merece. Venezuela no despertó de la noche a la mañana gobernada por un payaso que baila 'La Pollera Colorá' mientras viola los más elementales principios de humanidad y civilidad. Casi todo exabrupto político hace parte de un proceso largo, ocurre a la vista de todos y crece amparado en nuestra pasividad y nuestro silencio. Que no nos ocurra lo mismo.Tercero: debemos vacunarnos contra la xenofobia que amenaza con apoderarse del mundo. Más allá de Maduro, en Estados Unidos gana popularidad un radical que llama a los mexicanos “criminales y violadores”, que quiere construir un muro, quitarles la nacionalidad a los hijos de los inmigrantes y expulsar a unos y otros.Pero no vayamos tan lejos, muchos votan a ciegas pero atribuyen los males de Cali a la llegada de los foráneos: a los pobres, porque “no aportan y son delincuentes”, y a los estudiosos, porque “les roban empleo a los caleños”. Revisemos nuestras propias creencias más a menudo.Cuarto: todos somos seres políticos con responsabilidades y nuestro rol va más allá de quejarnos y señalar al líder de turno. Político ausentista también es el joven que se queda cómodo en su silla y no sale a votar a conciencia. Político enmermelado es también el empresario que vota a sabiendas por un corrupto, a cambio de leyes laborales más laxas. Político dudoso también es el ciudadano que no se preocupa por enterarse del prontuario de aquel a quien elige.Quinto: los valores democráticos son tesoros frágiles. Lo que hoy nos parece normal, como expresar y opinar, elegir a nuestros representantes, crear empresa, ser dueños del fruto de nuestro trabajo o cruzar una frontera son victorias que podemos perder, no están garantizadas de antemano. Se refrendarán o se extinguirán en la medida en que las protejamos.

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