Los señores de la cizaña

Los señores de la cizaña

Septiembre 10, 2017 - 11:45 p.m. Por: Paola Guevara

“Cuiden el trigo y no pierdan la paz por la cizaña”, dijo Francisco durante su inolvidable visita a Colombia.

Muchos lo leyeron como un indirectazo del Papa y corrieron a ponerle nombre y apellido a la cizaña, pero lo cierto es que de sembradores de cizaña ha estado lleno este país de fortaleza probada.

Basta revisar la parábola del trigo y la cizaña, en el evangelio de San Mateo: el reino de los cielos se parece a un hombre que sembró buena semilla en su campo, pero cuando estaba dormido vino su enemigo y sembró cizaña entre el trigo bueno.

No es este un enemigo frontal que acepte responsabilidad por la autoría de sus hechos, sino un enemigo cobardongo, taimado, con cara de buen vecino, que espera en la sombra que el otro se descuide, se duerma o se ocupe para, entonces sí, sembrar su cizaña.

Cizañeros, los falsos profetas del desastre que esparcen rumores y noticias falsas, siempre con pose de salvadores.

Cizañeros, los pastores que usan los púlpitos del cristianismo para esparcir mentiras, desinformación, ignorancia e intolerancia a cambio de votos.

Cizañeros, los que por ambición han sembrado de coca y precursores químicos nuestra tierra fértil. Cizañeros, los que han sembrado minas antipersona en el suelo bendito donde solo debía germinar alimento.

Cizañeros, los gobernantes, políticos, magistrados y privilegiados de cuello blanco que aprovecharon las sombras de la guerra para llenar sus arcas con el trigo que era de todos.

Cizañeros, los que han sembrado su dinero maldito y sangriento en medio de la sociedad, hasta pervertir los valores y hacer que el trigo se vuelva cizaña y la cizaña parezca trigo.

Los hijos del dueño de la plantación le preguntaron al padre: “¿Debemos cortar la cizaña? Y este les respondió: “No, porque al cortar la cizaña se corre el riesgo de cortar también el trigo”. Vivo retrato del conflicto colombiano, donde tantos inocentes cayeron junto a la cizaña, porque los dueños de las motosierras no discriminaron entre lo uno y lo otro, allí, en el campo donde hasta el cristo de Bojayá fue amputado de brazos y piernas como símbolo aterrador de esta gran barbarie. Cizañeros, los que desde la comodidad de las ciudades reclaman más sangre, siempre y cuando venga de los hijos ajenos.

Ay, pobre trigo colombiano, que contra todo pronóstico sobrevive y busca el sol. Gracias, Francisco, por regalarnos estas palabras: “Basta una sola persona buena para que haya esperanza, y cada uno de nosotros puede ser esa persona”.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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