Las lecciones de Ferretti

Octubre 19, 2011 - 10:44 a.m. Por: Paola Guevara

Una de las preguntas que circulan en tiempos de CaliExposhow es qué tan importante es Alberta Ferretti. La duda surge porque su nombre no es tan conocido masivamente como el de Óscar de la Renta o el de Roberto Cavalli. Pues bien, vamos por partes, mucho antes de la gran  crisis global que agobia hoy al primer mundo, cuando los grandes diseñadores seguian haciendo trajes inalcanzables para clientes más que exclusivos, Alberta Ferretti vislumbró que el futuro estaría en la democratización de la moda, así que inicio una inteligente y pionera estrategia de negocios que consiste en producir varias líneas dirigidas a muchos tipos de público, no solo los más exclusivos, sino aquellos  que quieren acceder a prendas de diseño a bajos precios pero sin la baja calidad en telas de las cadenas masivas que uniforman a Europa. Eso incluye líneas para jóvenes, hombres y mujeres ejecutivas que se dieron cuenta que transmitir un mensaje a través de la moda era importante, y así hasta llegar a la línea más exclusiva. Cuando llego la crisis y las grandes casas de diseño se lanzaron a la creación de líneas más económicas, Ferretti llevaba tiempo de oro ganado, pues su corporación,  Aeffe, vislumbró a tiempo el cambio de los tiempos libre de tantos prejuicios. No añora la idea romántica de la moda de otros siglos, Alberta Ferretti vive el presente y no en vano es una de las diseñadoras más relevantes del mundo actual, protagonista en las más grandes ferias de la moda, desde Milán hasta Nueva York, y ahora se ha tomado con toda la seriedad del caso su primera participación en una feria latinoamericana: el  CaliExposhow 2011. Eso se nota en el respeto y el rigor con que responde las entrevistas de los medios colombianos, incluso con benevolencia ante las preguntas que podrían considerarse menos pertinentes por la falta de experiencia y especialización de los medios en el tema de moda. Su enorme ética de trabajo se deja ver en pequeños detalles que dicen mucho, como la urgencia que tiene por aprovechar el corto tiempo para empaparse de la ciudad, su interés por aprender pasos de  salsa y no negarse a la invitación de subir a tarima acompañada de un experimentado bailarín de Delirio, y hasta en su disposición a conectarse con la gastronomía local sin temor a probar - casos se han visto- texturas o sabores que le pudieran resultaran extraños. Se nota que es sincera en su curiosidad y su apertura, y que no  teme entrar en contacto con la vida local de la ciudad que visita.  Anoche, en su pasarela en Cali, demostró que la sencillez no solo es su sello como persona, sino como diseñadora. Presentó una puesta en escena que no tiene excesiva pirotecnia, sus vestidos no tienen la excentricidad de Cavalli ni el preciosismo obsesivo de De la Renta, no obstante en ellos se ve reflejado su maestría en el manejo de las telas, embellecidas con bordados,  calados, transparencias muy sutiles y pedrería. Por la reacción del publico, 15 minutos de pasarela parecieron muy pocos, el desfile empezó al rompe sin las condecoraciones, las flores o los discursos oficiales de años pasados, lo cual se agradece, pero faltó la efervescencia de años pasados. Al final, el público, un poco desconcertado, no sabia si ponerse de pie, irse o quedarse, y los fotógrafos se quejaron de la iluminación excesivamente blanca  y dura que aplanó las texturas y en pantalla borró los exquisitos detalles de pedrería de los vestidos. Sin embargo, Cali tuvo un encuentro de primer nivel con la moda y el desfile cumplió su propósito de formar al publico y a la prensa y enriquecer de experiencias a los diseñadores. Cali puede sentirse orgullosa de su feria, única en Colombia capaz de ganar la atención de diseñadores internacionales de primer orden cuyo primer acercamiento con Latinoamérica ha sido nuestra ciudad. El jueves, el turno es para Moschino, otro plato fuerte que atrae los ojos de Colombia y el mundo sobre Cali.

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