Intensamente sedados

Julio 06, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Cada vez nos sorprende más la profundidad de las películas infantiles, que no parecen dirigidas a los niños sino, sobre todo, a los adultos que los escoltan a las salas de cine. La película ‘Intensamente’ es un buen ejemplo de ello, porque destaca el rol que juegan todas y cada una de las emociones en el equilibrio mental. Hoy en día, a cualquiera que sienta ira por una injusticia o tristeza por una pérdida, lo mandan a terapia para deshacerse de esa emoción “destructiva” o “negativa” con ayuda de lo que haya a mano: cuencos tibetanos, gotas, flores, aromas, pinchazos de aguja o música de canto de ballenas. Lo que sea, con tal de no hurgar en el sótano del alma. Respeto profundamente todas las creencias, es más, yo misma creo firmemente que la espiritualidad es una herramienta extraordinaria en el camino de la vida. Lo que preocupa es ese “negacionismo” en el que estamos cayendo, donde sentir ira, rabia o tristeza es visto como un peligro, como una amenaza que debemos extirpar pronto, de tal manera que todos quedemos sedados y neutralizados y podamos volver a sintonizar ‘Keeping up with the Kardashians’. Ya lo había anunciado Aldous Huxley en un libro que vale la pena leer y releer, ‘Brave new world’ (que las editoriales han querido traducir como ‘Un mundo feliz’), donde la homogeneidad se ha impuesto y una droga llamada Soma les permite a los humanos estar siempre felices y satisfechos y no convertirse en un problema para la sociedad. Qué parecido con la realidad: cada vez más personas acuden a píldoras antidepresivas, a píldoras para dormir, a píldoras para atolondrar a los niños que son demasiado activos e incluso píldoras para sentir deseo por la pareja. La ira, la tristeza y la falta de satisfacción están bajo sospecha en estos tiempos, entonces intervienen las medidas correctivas de una industria farmacéutica que nos quiere a todos felices, excitados, domados y satisfechos mientras las corporaciones internacionales extraen los recursos naturales que encuentran a su paso y los padres pueden navegar por internet tranquilamente sin niñitos que quieran saltar y corretear a su alrededor. Recomiendo ver ‘Intensamente’, la película, si no la han visto, así no tengan hijos ni sobrinos. Porque su gran valor consiste en decirnos que no hay emociones mejores que otras, ni buenas y malas, y que incluso la ira, la tristeza y el desagrado tienen algo qué decir y qué enseñar.

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