Implantes de autoestima

Abril 13, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

A que no saben cuál es la cirugía plástica más practicada en el mundo. Adivinaron: la de aumento de senos. Según un informe de la Sociedad Internacional de Cirugía Plástica Estética, tan solo el año pasado 1.766.959 mujeres en el mundo se sometieron a este procedimiento quirúrgico, de las cuales 44.403 son colombianas y un alto porcentaje de ellas son menores de edad.No tengo hijas, pero si tuviera una menor de edad y un día me informara que quiere implantes de seno le diría que tenga muy claro que puede perder sensibilidad en los pezones, que puede haber rotura o fuga de gel por rompimiento intracapsular; que puede sufrir efectos secundarios como infecciones y cicatrices; que según la FDA, un 8% de las pacientes con implantes mamarios pueden sufrir contractura capsular, que consiste en que la prótesis queda rodeada por una cicatriz gruesa que hace que al tocar el seno, se sienta duro y poco natural.Que sepa que no se hará los senos una sola vez y para siempre, sino que acaba de comprar una esclavitud que la obligará a renovar sus implantes cada diez años, de tal suerte que si comienza a los 15 años, para los 55 habrá tenido no una sino tres o cuatro cirugías por esta causa, con sus respectivos riesgos y gastos.Si esta sociedad la ha contagiado con su angustia de tamaño, le diría que para los franceses los senos más hermosos caben en una copa de champaña, que para Marcel Proust las mujeres de cuerpos perfectos son para los hombres sin imaginación. Y que los senos pequeños alejan de plano a muchos hombres, sí, lo cual es una excelente noticia pues sirve de filtro: se alejan los que admiran más a Hugh Hefner que a Rembrandt y a Modigliani.Que si tiene suerte y sabe vivir, ninguna talla de escote la librará del amor, del placer e incluso del dolor y el abandono, pues de todas ellas, en conjunto, está hecha la maravilla de existir. Que en la complejidad de las relaciones humanas una talla de copa es lo de menos y el amor, lo de más.Que en lugar de pedir un regalo con fecha de caducidad, se regale ella misma el tiempo que necesita para crecer, para cambiar, para asistir a la transformación natural de su cuerpo en cada era de su feminidad. Que aguarde a sentir el placer de ser amada loca, completa y apasionadamente por hombres brillantes que se enamoren primero de su cerebro y de lo que ella tiene para decir. Después de eso, las perspectivas cambian para siempre.Le diría, en fin, que cuando pase la barrrera de los 18 años seré la primera en acompañarla a ponerse implantes, cuando no los hagan de silicona, sino de autoestima.

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