Humilditas no

Humilditas no

Octubre 08, 2017 - 11:45 p.m. Por: Paola Guevara

Pequeñitas, calladitas, suavecitas. Mansitas, sumisitas, tranquilitas. Mejor dicho, humilditas.

No como la presentadora de televisión aquella, la que habiéndose ganado todos los premios osó decir “soy la mejor”. Qué falta de sencillez la suya, qué crimen cometió al violar las leyes morales de la invisibilidad que enseñan en la escuelita de Doña Rita.

Mejor ser “buenas personas”, eufemismo frecuente para obedientes, que bajan la cabecita. Así, bien linditas, asintiendo, dejando que les expliquen con palitos y bolitas lo que ya saben, para no hacerlos sentir mal en su rol de portadores del saber revelado.

Mejor que rían de todos los chistes y dejen que otros se lleven el crédito por sus ideas y su trabajo, ojalá sin reaccionar ante ninguna injusticia, porque entonces serían “reactivas” y “agresivas”, y así no se verían bonitas.

Bonitas se ven, en cambio, de pelito largo, nunca cortico porque parecen niños. Y las uñitas rosaditas porque de colores se ven fufurufas como el nombre de cierto esmalte.

Opinar demasiado tampoco, qué pereza, poco femenino, hablen en voz baja de política porque no se sabe quién pueda estar escuchando. Más agua a la sopa que hoy viene a cenar el corrupto.

Bien casadas con malas hierbas, impecables como el florero, maquillando el ojo morado, sin preguntar mucho, sin sospechar de los 200.000 dólares que costó el safari y, si es el caso, listas para salir en video con los niños llorando en defensa del ‘pater familias’, valientes para defender al cobarde.

Así buenitas, sin “hacerse pegar”; sin viajar solas, no sea que den papaya; sin escote, para no “provocar violaciones” y sin empecinarse en ese embeleco de trabajar, cuando lo tienen todo en la casa, incluyendo empleada y antidepresivos.

La gran mujer detrás del gran hombre, no al revés. Y que en su epitafio se pueda escribir “aquí yace una que nunca alzó la voz”, mejor dicho, una muerta en vida que luego se lamente en el más allá, donde ya nadie pueda escucharla.

“Buen ser humano” a la manera pusilánime, aguantadora, agradecida del coscorrón formativo y el grito pedagógico.

La que dispensa los aplausos, no la que los recibe, porque entonces volvemos al tema de la humildad, y ya sabemos que la soberbia es pecado capital si la ejercen ellas y encanto natural si viene de ellos.

Por suerte cada vez hay más personas del planeta Justin Trudeau y menos de ‘El Planeta de los Simios’, ese clásico del cine donde un fornido Charlton Heston cabalga por una playa con la -para muchos- mujer 10, una Linda Harrison semidesnuda, de melena al viento, bella, dócil, silente... y lobotomizada.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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