Fotomultas imaginarias

Marzo 16, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Como si fuera de lo más normal, sin sonrojarse, la Secretaría de Tránsito anunció que habrá cámaras de juguete por toda la ciudad para que la gente, al verlas, sienta tanto miedo de las fotomultas que deje de violar las normas. La meta es que por terror, no por convencimiento, los caleños infractores dejen de pasar los semáforos en rojo. Si no fuera porque lo leí en El País, y porque existe una grabación del Secretario de Tránsito anunciando esta medida, creería que se trata de una de las noticias del portal humorístico Actualidad Panamericana. Porque, a todas luces, esto no es serio.No entraré a discutir si está permitido gastar recursos públicos en ‘tecnología’ inservible. Y tampoco preguntaré cuánto podrán llegar a costar estas cámaras tramposas, pues aún si las fabrican niños de primaria con cartulina y pegante, la idea sigue siendo perversa. Qué vendrá después, ¿policías inflables?Lo que me preocupa es la visión de ciudadanía que se esconde detrás de medidas como estas porque, si mal no recuerdo, es a los cuervos -no a las personas- a los que se les asusta con espantapájaros de paja para que no vengan a devorar las plantaciones de maíz.¿Es a esto a lo que vamos a aspirar? ¿A que la gente no viole un par de reglas por miedo a la fotomulta? En la caótica Bogotá de los años 90, Antanas Mockus usó su enorme capacidad para la pedagogía y la comunicación para lograr que usáramos el cinturón de seguridad y nos detuviéramos al ver la cebra. Usó la multa, pero no solo la multa, no solo el miedo, creyó a la gente inteligente, educable, concientizable, capaz de comprender un buen argumento. Los excelentes resultados se extendieron a todo el país. La multa sin pedagogía llena las arcas, pero vacía las almas. Llámenme idealista, pero creo que el Estado debe encarnar todo lo bueno, todo lo justo, todo lo noble, todo lo que brinde buen ejemplo, toda la verdad, todo lo recto. Pero cuando el Estado claudica y en función del pragmatismo combate el engaño con más engaño, qué se le podrá exigir a la gente. A mi abuela bugueña sus tías Saavedra le prohibían salir después de las 4:00 p.m. porque los leones de la plaza -le decían- cobraban vida y se comían a las jovencitas en edad de merecer. Era un método disuasivo, si acaso, pero jamás un método formativo. Lo mismo pasa con las cámaras ‘dummie’. Esperemos que sea solo eso, una mala idea que no se concrete, que se quede volando en el aire como los cuervos que no somos.

VER COMENTARIOS
Columnistas