Feministas depiladas y en tacones

Feministas depiladas y en tacones

Diciembre 21, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Hay un libro pequeñito, delgadito, que deben pedirle al Niño Dios. No se asusten por el título. Se llama ‘Todos deberíamos ser feministas’, y está escrito por Chimananda Ngozi Adichie, una novelista nigeriana que aclara: no odia a los hombres, usa brasier, usa maquillaje, le encantan los tacones altos, usa pintalabios, es feliz, no anda siempre enfadada, sí tiene sentido del humor, se depila las axilas y usa desodorante.Lo aclara de esta manera graciosa e irónica porque la palabra “feminista” tiene para muchos una connotación negativa. Sin embargo este libro no es un manual para el odio sino un llamado a liberarnos todos, hombres y mujeres, de las castrantes expectativas de género que nos limitan.Cuenta de una mujer que vendió su casa para no intimidar al hombre que un día quisiera casarse con ella. De otra soltera que usa argolla de casada para inspirar mayor respeto en el mundo corporativo. De otra, que tiene ideas brillantes que su jefe no escucha y que en cambio elogia cuando su colega masculino las parafrasea; luego ella se encierra en el baño y llora en silencio para no ser tachada como “agresiva”. Porque, en el ámbito laboral, la rabia es un derecho reservado a los hombres y de la mujer se espera que calle, sonría, complazca y ceda. A los hombres no les va mucho mejor. “La masculinidad tradicional es una jaula muy pequeña en la que metemos a los niños”, dice la autora y propone corregir entre todos, hombres y mujeres, la castración colectiva que les reprocha a ellas el liderazgo y a ellos la expresión de su sensibilidad y su compasión.Y el segundo recomendado para este fin de año es ‘La guerra no tiene rostro de mujer’, de la premio Nobel 2015 Svetlana Alexievich, que cuenta las historias olvidadas de miles de mujeres rusas que combatieron en la Segunda Guerra Mundial. Con una pluma embriagante, Alexievich nos cuenta cómo era tener un parto en medio del combate, cómo era ir a misiones peligrosas con un bebé recién nacido, cómo era usar calzoncillos de hombre bajo el camuflado e, incluso, qué felicidad daba encontrar una tienda de zapatos en medio de una ciudad bombardeada. Y, sobre todo, cómo al regresar a casa estas guerreras tuvieron que ocultar su heroísmo para evitar ser estigmatizadas y dejaron que los hombres recibieran las medallas, el crédito y el privilegio de contar la historia oficial. Dos libros recomendados para comenzar un 2016 con los tacones bien puestos.

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