Elogio del lunes

Mayo 26, 2014 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Bienvenido al lunes, el mejor día de la semana. Ese que no tiene la actitud triunfalista del viernes, popular por decreto; ni el arribismo del jueves, que se proclama viernes chiquito; el lunes no tiene la plana resignación del martes, ni la inercia del miércoles. Tampoco la angustia del sábado efímero que queremos retener y que nunca, nunca es eterno. Y en cambio, qué largo es el lunes… Usted está leyendo esta columna y eso quiere decir que sobrevivió a la depresión del domingo a las 6:00 de la tarde, ese estado mental de postración y de miedo al futuro que -según las estadísticas- mata a más personas que las tinas resbalosas y los accidentes aéreos. Y estar vivo, sobre todo en este país, es ya una gran noticia. El lunes se parece a un buen consejero: realista, aterrizado y, en condiciones normales, sobrio. El necesario termómetro que nos confronta con la realidad, porque un lunes a las 5:00 de la mañana nadie se engaña: el cuerpo tiene prisa por salir a devorar el mundo, o se retuerce de ansiedad y pesar entre las sábanas. Si quiere saber si es feliz, si quiere saber si es hora de cambios, preste más atención a su lunes y ahorrará años de terapia y diván.No es casualidad que muy pocas parejas se casen un lunes, un día demasiado sensato como para prometer eternidad. Los enamorados prefieren el frenesí del fin de semana, cuando los sentidos se aturden y nos sentimos capaces de cruzar la cuerda floja sin arnés. El lunes no sabe a champaña, pero sí a jugo de naranja y dentífrico. Es el día de refrendar los pactos cotidianos, de coser el botón, de repasar la lección, de pagar las cuentas, de hacerse cargo y probar otra forma sublime de valentía: la de permanecer.Un lunes, la nada se convirtió en todo. Creó Dios los cielos, la tierra y la luz. Y el hombre puso, también un lunes, un pie en la luna por primera vez. No en vano es el día de la imaginación, de la creación, de las nuevas fronteras, del arrojo, de dar el primer paso. Cada lunes tiene la emoción de un primero de enero por entregas; es un rito de paso, un lienzo en blanco, un día para -esta vez sí- aprender la lección, enmendar los errores del pasado e intentar ser mejores personas, hasta que nuestra terca naturaleza se imponga. Y sin importar los resultados en las urnas llegó el lunes, un nuevo día para recordarnos que, a pesar de los políticos y sus argucias, este mundo sigue girando.

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