El libro no morirá

El libro no morirá

Noviembre 23, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Leo la noticia con asombro y alivio: el libro tradicional, el de papel, no tiene los días contados como temíamos. Todo lo contrario, ha resurgido para dejar en ridículo a quienes vaticinaban su pronta extinción. Parece ser que la venta de libros electrónicos no ha sido la gran panacea que se anticipaba y, en cambio, en los últimos años la venta de libros en papel ha mostrado un repunte importante. En parte, gracias a sagas muy exitosas como ‘Harry Potter’, ‘Twilight’, las ‘50 Sombras de Grey’, entre otras de las que han hecho eco el cine y la televisión. Paradójico: serán las nuevas generaciones –las de nativos digitales- las que salven al libro tradicional. Impacta este dato: Novelas como ‘Ve y pon un centinela’, de Harper Lee y ‘La chica del tren’, de Paula Hawkins’ vendieron, cada una, más de un millón de ejemplares en papel en 2015. Y qué decir del ‘boom’ de la novela negra escandinava con autores como Stieg Larsson (y su trilogía ‘Millenium’), Assa Larsson, Perssom, Indridason, entre otros genios nórdicos que cautivan al mundo no solo por su buena escritura sino por el cuestionamiento que hacen a sociedades aparentemente ideales.Según el informe de la agencia AFP, la venta de libros electrónicos en Francia no superará el 13 % del mercado del libro de aquí a 2019. En España no superará el 21 % y Alemania resalta con un lánguido 5,6 % del mercado. ¿Y la fiebre del Kindle? Érase una vez una llama que no se convirtió en incendio. “Los lectores electrónicos podrían resultar una de las tecnologías de lectura más efímeras y terminar desapareciendo totalmente en los próximos años”, se atrevió a anticiparle a la agencia noticiosa el analista Douglas McCabe. Como ocurrió con la televisión, que no aniquiló a la radio. Como ocurrió con el entretenimiento casero que no nos alejó de las salas de cine. Así el libro digital no pondrá pronto la lápida sobre el libro de papel. Esto demuestra que no siempre las modas tecnológicas tienen la última palabra y que aún hay cabida para la resistencia pacífica de quienes, sin rechazar los avances, preferimos sumergirnos en la intimidad silenciosa de un libro clásico. Uno suave al tacto, uno con aroma a tinta y papel, uno para apoyar la taza de café, para dedicar en las primeras páginas, para subrayar una frase inolvidable si fuera necesario y para hallar sobre la mesita de noche como recordatorio de que, en este mundo cada vez más incomprensible, algo de lo bueno también permanece.

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