El ADN del nuevo Padre

Junio 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Lo oí el otro día en una fiesta infantil. Lo dijo una mujer desprevenida, que charlaba con sus amigas mientras alimentaba a su pequeño hijo varón: “Nueve meses tuve a este niño en el vientre, sin que necesitara papá. Los hijos son solo de la mujer”. Dejamos caer frases tan destructivas con tanta trivialidad, entre la torta de cumpleaños y los globos de helio; las decimos sin sonrojo al desayuno, las repetimos al teléfono y las reiteramos como parte de un guion incuestionable ante la mirada atónita de los pequeños. “Madre solo hay una”. “Padre es cualquiera”. “Todos los hombres son iguales”. “Mi hijo no necesita un padre”. “Voy a tener un hijo para no quedarme sola en la vejez”. “Lo importante es realizarme como mujer”. Pareciera que concebimos al hijo para darnos sentido, al hijo para validarnos, al hijo para realizarnos, en lugar de traer hijos que puedan hallar su propio sentido, que se realicen y se validen ellos mismos en la búsqueda de su propia felicidad. El mundo al revés, y nos parece al derecho. Pareciera que no somos conscientes de que a cada minuto nuestro lenguaje configura el mundo en que vivimos y en que vivirán nuestros hijos. Me pregunto qué podrá pensar sobre la hombría y sobre la paternidad un niño cuyo alimento emocional son estas frases, en las que él ocupa un papel secundario, terciario o del todo prescindible.Y qué pensará una niña que no ha dejado las muñecas y ya prevé que la maternidad es solo su carga. Forjamos a las mujeres del futuro para admitir como cierto el desequilibrio entre su rol y el del hombre, el primero sublime e intocable; el segundo, accesorio y a duras penas necesario para concebir. Desde el lenguaje desempoderamos a los futuros padres, y luego nos preguntamos por qué la realidad no es distinta. O peor aún, enseñamos con el ejemplo que los hijos son un botín de guerra, que los hijos son un arma de venganza emocional y económica, para herir o castigar cuando la relación de pareja no funciona. Pasa este Día del Padre, y vendrán otros muchos, pero esta fecha debería servirnos también para reinventar el guion y tener fe en que es posible el surgimiento de una nueva raza de padres. Qué tal si empezamos por enseñar a los niños, a los varones, que son bondadosos, que son capaces de todo heroísmo, que serán grandes padres. Y que aún si las parejas fallan por la complejidad humana, se es padre para toda la vida.

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