Cazadores de Libros

Noviembre 20, 2016 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

La primera sorprendida fui yo, cuando vi en Facebook que uno de mis contactos, la caleña Marcela Serrano, eligió mi novela ‘Mi padre y otros accidentes’ como punto de partida para el grupo ‘Cazadores de Libros’, que ella creó siguiendo el ejemplo de un movimiento nacido en Bélgica, una especie de red de lectores que promueve el amor por la lectura con un aditamento especial:El ‘Cazador de Libros’ elige un libro que lo haya marcado, un libro del que duela desprenderse, y lo deja escondido en un lugar de la ciudad -puede ser un café, un parque, un monumento, en fin- con instrucciones específicas para que aquel que lo encuentre, a cambio del hallazgo comparta, a su vez, otro libro. Esta iniciativa de Marcela, que comenzó hace pocos días en Cali, para sorpresa de todos ya tiene 10.890 miembros, y minuto a minuto sigue creciendo. Como si fuera poco, otras ciudades se han contagiado con el ejemplo y ya se reporta el nacimiento de grupos en San Andrés y Bogotá. Lo curioso es que los miembros protejen el espíritu altruista de esta comunidad, por lo que no hay cabida para quienes quieran usar esta red con fines políticos, sectarios, venta de productos para adelgazar o cualquier forma de desviar el propósito, que es volver a poner al libro de papel en el centro de los afectos.Críticas ha habido, como que el grupo desestimula el apoyo a los artistas, que de algo deben vivir más allá de la donación de sus libros. Otros, por su parte, advierten los efectos negativos de la gratuidad, que podría reforzar la costumbre de no pagar por la cultura. Otros, creen que no faltarán quienes usen al grupo para librarse de la acumulación de cajas en sus garajes.Pero, honestamente, creo que este tipo de ejercicios de resistencia ante la vacuidad de un mundo que persigue pokemones, no solo es necesario sino plausible. Creo, además, que el espíritu del grupo no es el ahorro, ni la limpieza de sótanos, sino la magia de sentirse un ‘cazador’ en plena ciudad, la aventura de salir en busca del libro soñado, la emoción de ser el primero en llegar a la meta y, sobre todo, la experiencia de dejarse tocar por las letras que a otro le estremecieron el alma.En estos días me decía el legendario librero Felipe Ossa, quien lleva 55 años en las entrañas de la Librería Nacional, que el libro de papel -contra todo pronóstico- está más vivo que nunca. Para la muestra, los 75 años que cumplió esta semana la Librería. Y como todo buen invento dura y coexiste, larga vida -también- a los ‘Cazadores de Libros’. Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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