Amigos de Facebook

Agosto 18, 2014 - 12:00 a.m. Por: Paola Guevara

Querida Carolina Ruiz, durante los últimos cuatro años recordé tu cumpleaños gracias a la alerta de Facebook, te felicité cuando anunciaste tu ascenso laboral, puse ‘Like’ cuando cambió tu situación sentimental, te consolé cuando te confesaste desdichada a través de tu estado; por años te envié aquellos mensajes de Navidad que respondiste con efusividad… Hasta que cambiaste tu foto de perfil, esa donde solo se veía tu sombra en una pose artística en blanco y negro. Y descubrí la terrible verdad: que todos estos años tuve contacto con la Carolina Ruiz equivocada, con una excompañera de primaria que un día me pidió como contacto y a la que confundí contigo.Perdona. Son las cosas que pasan en Facebook. Dicen que esta red nos aleja de los que están cerca y que, en cambio, nos acerca a los que están lejos. Pero no, qué cercanía puede ser esa, si un ‘amigo’ descubrió que su hermana había muerto en otro país por los mensajes que sus conocidos empezaron a dejar en su muro. ¿Que el invento de Mark Zuckerberg nos acerca a los que están lejos? Ojalá fuera cierto.Por eso, como acto de expiación, decidí dedicarte esta columna, y en tu nombre a todos mis amigos de Facebook, a ese 74% con el que no he tomado café en años, a ese 82,5% al que no le he cantado el Feliz Cumpleaños mientras contemplo la chispa de la velita de los deseos brillando en sus ojos; a esos 11 bebés de ‘amigos’ que han nacido y a los que no conozco más allá de las fotos publicadas por sus padres. A esos con los que solo hemos intercambiado mensajes para pedir favores; a los que he odiado por colgar fotos de animales heridos y publicar supuestas “frases célebres” de García Márquez que más bien parecen escritas por Paulo Coelho.Dice un amigo fotógrafo, renegado de Facebook, que solo abrirá cuenta en la red social cuando la gente ponga la foto del examen perdido, de la tesis reprobada, del despido justificado, del reporte en Datacrédito, de la pelea conyugal. Dice que eso nos volvería más decadentes, es decir, más sinceros, más reales. Habrá quienes digan que el espacio de esta columna está desperdiciado, habiendo tanta tensión electoral en el ambiente, pero creo que la política ha estado podrida siempre, ahora más que nunca, desde que los toros se miran desde las trincheras mediáticas, desde que las ideas políticas se resumen en trinos de odio y memes, no en discursos y propuestas coherentes; desde que no tenemos amigos sino seguidores, desde que le ponemos filtros hermosos a la cruda realidad. Por lo pronto, voy a verme con Carolina Ruiz y le cantaré los cumpleaños atrasados (así cumpla en octubre) y la dejaré hablar hasta enterarme de los recovecos de su vida. Nos reuniremos en uno de esos genia leslugares que tienen un letrero que dice “No hay wifi, charlen entre ustedes”, prometo silenciar mi teléfono, no chatear con nadie mientras ella habla. Y entonces volveremos a ser amigas, amigas ‘face to face’.

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