Y nos siguen matando

Abril 12, 2017 - 11:55 p.m. Por: Paola Gómez

No es la primera y por desgracia creo que no será la última columna que escriba porque un hombre mató a una mujer, la maltrató, la cosificó, la minimizó, o porque el sistema judicial es incapaz de acabar con la ‘Abrumadora Impunidad’ (la columna de hace 15 días) que existe contra los delitos de género. Lea: Abrumadora impunidad

Esta vez es el caso de Claudia Johana Rodríguez, asesinada la noche del lunes en el Centro Comercial Santafé de Bogotá. por Julio Reyes, su expareja. Claudia tenía medida de protección y ¿saben para qué le sirvió?, para que un policía de cuadrante le echara ojito de cuando en vez a su casa.

¿A quién se le ocurre que un hombre que mató a dos personas, tratando de matar a su exmujer, es apto para salir de la cárcel antes por su condición de interdicto (problemas de epilepsia) y en lugar de pagar los 22 años de encierro, termina saliendo a los diez, cortesía de la genialidad de una juez de esta República, donde cada tres días una mujer es asesinada por su expareja?

¿Qué le hizo pensar a la Policía que el policía de cuadrante en el barrio era suficiente, si era un asesino comprobado el que la asediaba? ¿Qué tiene en la cabeza una persona que piensa más en cómo fue posible que Claudia se metiera con ese tipo, que la indefensión de la víctima que hoy nos tiene contando la versión más macabra y gris de crónica de una muerte anunciada?

Fíjense el sino trágico que nos persigue: el domingo, en Cali, una mujer de 29 años que salió a la ciclovía a disipar su mente de la expareja que la celaba de manera enfermiza, fue asesinada por él, Rodrigo Camacho. 29 años tenía Yury Vanesa López y una denuncia en la Fiscalía contra el monstruo que la apuñaló. Otra muerte cantada.

Este año ya son 25 las mujeres víctimas de feminicidio en Colombia y 204 homicidios contra féminas, por lo que la cifra puede ser mayor. Desde el 2013 han asesinado a 345 mujeres por su condición de género, y solo se dictaron 53 condenas.

No es exageración: nos siguen matando; en pleno Siglo XXI parecemos condenadas a la extinción, porque además del asesinato, pese a todos los logros alcanzados, sigue habiendo quien se empeña en reducir a la mujer, en pegarle, en invisibilizarla, en pagarle menos. O la condena a un micromachismo diario de chistes sexistas, para decirle con cierto tufillo de grandeza que él por su condición de hombre es superior.

Doy gracias por los hombres que entienden el problema y saben que las mujeres que rechazamos la violencia de género no estamos hablando pendejadas, y que el tachar de feminazi a la que exige respeto por sus derechos es el peor de los insultos.

Hoy sé que si existiera algún interés de un Estado sin personal, ni jueces, ni policía, ni nada, a Claudia o a Yury no las hubieran matado. Y que la única manera de que no nos sigan matando es que esta sociedad entienda la gravedad del asunto y cuántas otras maneras hay de aniquilar a una mujer.

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