Todos por Buenaventura

Todos por Buenaventura

Marzo 27, 2014 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Ahora que el cáncer de Buenaventura hizo metástasis, tanto que por fin Santos -el mismo que se reunió en Cartagena con su Alianza del Pacífico, dándole la espalda- pareciera entender su realidad; ahora que está militarizada por enésima vez y que incluso se habla de una intervención social; ahora que hay tanta cámara revoloteando por sus calles, algunas con morbo otras con responsabilidad; ahora que las vedettes de la prensa nacional hacen directos desde ella y los medios internacionales intentan explicar lo que sus dolientes de siempre sabemos de memoria; ahora que por las razones más crueles está en su cuarto de hora es cuando Buenaventura necesita de todos.Quizás por ese instinto de esperanza al que algunos nos aferramos de manera terca en la vida, quiero creer que hay un punto de quiebre en su historia de más de una década de horror, corrupción y abandono. Quienes la recordamos en otrora, quienes la caminamos y la gozamos con su pobreza decente, sabemos que no siempre fue así. Que se podía visitar, que la gente no hablaba de casas donde pican personas o de muertos arrojados a los esteros. Seguramente necesitaba un montón de cosas, y a las grandes empresas que han estado allí les faltó compromiso, así como al Estado que debió blindarla del hampa y de esa violencia institucional, como define su mejor vocero, monseñor Héctor Epalza, la incapacidad de sus gobernantes de atenderla. Pero, vuelvo y repito, Buenaventura no siempre fue así y por eso creo con firmeza terca que puede surtir una especie de rehabilitación, que se la arranque de las manos a quienes la han saqueado y han intentado matarle hasta el alma.Hace unos días escuchaba ese ‘Buenaventura y Caney’ que cuenta que “allá hay cariño y ternura” y me resistía a pensar que tanto horror hubiera aniquilado su esencia. Porque esa Buenaventura “donde el negro solo, solito se liberó” sabe de sobra que es a base de lucha y de resistencia como se logran las cosas de la vida.Por esa Buenaventura de gente buena es que tenemos que trabajar. Que el que tiene plata y conciencia se meta la mano al bolsillo, que las buenas empresas del Valle le construyan colegios, que las fundaciones le inviertan en deporte, cultura y otros artes, para torcerle el cuello al destino de esos niños que parecen condenados a la delincuencia. Que las fuerzas militares se queden allí, por un buen tiempo. Que el gobierno del presidente candidato la convierta en su campaña. Que el Gobernador no la recuerde solo en crisis y que sus malos congresistas y peores alcaldes se conduelan de su tierra, carajo. Que los medios estemos siempre con ella. Que el país entero la rodee. Si a usted le suena, como a mí, entonces no la mire más desde las letras de la prensa o desde el cuento de horror. Súbase al bus, hable de ella, ayúdela, pida que la ayuden, que el clamor sea de todos. Porque esta tierra sufrida merece reescribir su historia. Recibo ideas a pagomez@elpais.com.co. o @pagope en twitter

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