Tener agua, la megaobra que hace falta

Octubre 01, 2015 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

No es exageración. Lo que está pasando con el agua en Cali es una tragedia. Y también lo es para el resto de ciudades del país donde los ríos están secos, a causa de la intensa sequía y el cacareado Fenómeno del Niño, al que han pintado como el culpable de todos nuestros males. Ya son más de dos meses los que llevan las comunas 18 y 20 de la ciudad con racionamiento y, lo que es peor, en la disputa por acceder al preciado líquido ya se han registrado episodios de violencia. La lluvia que cayó sobre la ciudad en la mañana de ayer fue como un bálsamo para alimentar el espíritu de los caleños, que vivieron una especie de euforia colectiva. Pero esa felicidad que trajo consigo el aguacero, no fue suficiente para subir los niveles de los ríos Meléndez y Cali, que siguen por debajo del mínimo esperado para poder suministrar agua a la ladera. Como si fuera poco y como ya es costumbre, tuvieron que racionar el suministro del líquido, por la turbiedad en el Cauca, fruto del aguacero. Porque en Cali, como se dice en la calle, cuando no llueve hay racionamiento y cuando llueve, también.A diario, escucho los lamentos de habitantes de la zona rural, desesperados porque llevan años anunciando la crisis del agua y lo que está pasando con el río Cali, cómo la minería ilegal está matándolo; cómo se robaron parte del lecho y lo desviaron. Ellos son la conciencia ambiental, que comprende lo ocurrido en nuestras siete cuencas. Ese grito herido del campesino que sabe el valor de la tierra, es el que lanzarán en la ciudad el jueves 8 de octubre, en la Plazoleta Jairo Varela, a ver si abrimos los ojos.Hernando Díez, presidente de la asociación de acueductos de los corregimientos, tiene una frase que resulta perfecta para el caso: preservar el agua debe ser la megaobra más importante para Cali. Porque mientras nos ocupamos de invertir en el concreto olvidamos invertir en los recursos naturales. Porque pensamos que era cuento lo que nos recitaban de niños, en clase de Ciencias “por favor, cuidemos el agua, sin ella no hay vida”. Porque la soberbia citadina nos cegó y creímos que el agua nunca nos iba a faltar. Que quede claro: esta apocalipsis del agua es fruto de nuestro descuido y también de la pasividad de las autoridades, que le dejaron toda la responsabilidad del suministro al agüita que cae del cielo, mientras los diagnósticos y los estudios que anunciaban nuevos acueductos, embalses y reservorios se quedaron durmiendo el sueño de los justos.Mientras tanto, en esta ciudad, oiganlo bien, el 55,6% del agua que trata Emcali se pierde en daños, defraudación y conexiones ilegales, sin que se haga lo suficiente para remediarlo. Pero eso no importa. La culpa no es de nadie. Hay que esperar a que vuelva a llover. Y de paso, esperar a que entonces el agua la vuelvan a quitar. Así de sencillo.

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