¡Se les cayó la vuelta!

¡Se les cayó la vuelta!

Septiembre 27, 2017 - 11:45 p.m. Por: Paola Gómez

Creo que en algún momento llegaron a pensar que eran intocables. Que nada habría de pasarles porque su telaraña de poder era tan fina, que era imposible desbaratarla; porque sus mentes brillantes la tejieron con tanto tino que por años se mantuvo firme.

No creo que presumieran que en algún momento la olla podrida se destaparía y el hedor dejaría sin aliento a un país que los veía como seres superiores, de altísimas cualidades, probos, impolutos, incapaces de robar, dueños de una moral ejemplar.

La foto del magistrado Francisco Ricaurte, ex presidente de la Corte Suprema de Justicia, en su reseña de ingreso a la cárcel La Picota -acusado de los delitos de prevaricato, cohecho, uso indebido de información privilegiada y concierto para delinquir agravado- nos demuestra que no fue así y que, como se diría en el lenguaje del ladrón vulgar, ‘se les cayó la vuelta’.

Finalmente, nuestros ‘dignísimos’ magistrados del ‘cartel de la toga’ y nuestros descaradísimos congresistas y políticos que los habrían acallado con miles de millones -en un perverso círculo vicioso de complicidades eternas- terminan siendo iguales  al extorsionista del barrio o al carterista, solo que ellos se embolsillan sumas estratosféricas que jamas verá el carterista.

No veo por qué hay que tener compasión con el que usó el aparato jurídico y su intimidante poder para su enriquecimiento ilícito, porque eso es lo que habrían hecho estos señores: comportarse como un cartel de la mafia, con toda una estratagema oscura y vil, al mejor estilo de la ‘cossa nostra’.

Y me indigna que haya quienes sugieran beneficios en el tratamiento o la publicidad de sus procesos para una sociedad de ‘pillos’, que merecen el peor de los castigos, de llegar a declararlos culpables e inhabilitarlos de por vida para ejercer cargos públicos.

Así que embelecos como el del referendo para la reforma a la justicia no calan en este caso, porque la justicia de este país no necesita una reforma; lo que necesita es recuperar su moral y la moral no se consigue con votos, ni firmas, ni con plata y mucho menos con una hoja de vida llena de títulos.

De todos los escándalos que salpican nuestra realidad, llena de corruptos insaciables, este es el que más duele, porque nos habla de la emergencia moral que vivimos, como a bien lo definió el editorial de este periódico el pasado domingo.

A ver si esto nos despabila y dejamos de pegar alaridos desde nuestras cómodas y polarizadas trincheras digitales, y nos damos cuenta de que este no es un problema de Ricaurte, Moreno, Bustos, Malo, Besaile, Ashton y demás. Este es un problema de toda una sociedad que vende su conciencia sin sentir vergüenza y cuando ello ocurre no es solo a los delincuentes de cuello blanco a los que se les ‘cae la vuelta’, sino a un país entero, que lo único que no se puede permitir perder en la vida es su moral y su dignidad.

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