Salsa y Petronio

Salsa y Petronio

Agosto 23, 2012 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Si algo mueve a esta ciudad, que tiene por corazón un tambor y que vibra a ritmo de salsa y currulao, es su amor incondicional por la música. Al extremo de que a veces la tachen de frívola, por gozar la rumba más que el resto del país. Por eso, más allá de entrar en discusiones bizantinas sobre cuánto se invierte en la una o en el otro, es justo soñar con un ambicioso plan de ciudad, que potencie ambos ritmos. Lo digo justo ahora que está fresquita la partida de Jairo Varela y el cierre del Festival de Música del Pacífico. Y lo digo después de ver la multitud de caleños que salió a despedir al creador del Grupo Niche. Y de confirmar, como es costumbre, la impresionante asistencia al Petronio.La cosa es tan sencilla como esto: Alexis Lozano, director de Guayacán (por más presumido que parezca) lo dijo en el velorio de Varela: ¿cuántas veces le tocó a Jairo trabajar con las uñas o irse a Miami, porque no apoyaban a Niche? El mismo Alexis dijo que se fue de Cali porque aquí no respaldan su música. A muchos, su ida les sonó a pataleta. Pero su mensaje busca que respalden, en serio, la salsa, y que no pasen cosas como la que él denunció en la Feria del 2010, cuando a nuestras orquestas les dieron un trato de quinta. Lo mismo suena en el Lado B del Long Play: Petronio Álvarez, un festival de probado éxito, pareciera condenado a cierta marginalidad. Al pobre lo han paseado por el Teatro al Aire Libre Los Cristales, la Plaza de Toros, el Pascual Guerrero y las Canchas Panamericanas. Pero ni así han aburrido a sus seguidores. Y ahí, detrás de ese evento hay un montón de gente bonita que baila, movida por esa azúcar negra que endulza a quienes Somos Pacífico; de artesanos de las más exóticas bebidas; de músicos a los que la cultura popular no reconoce como es debido. De ahí sale uno que otro, que con algunas modificaciones comerciales triunfa y se convierte en héroe, como ocurre con Chocquibtown. Valiosos, para no ser injustos, los que le apuestan a eventos como A jazz go, que ya se asoma, y de otras muestras culturales. Pero lo que aquí nos convoca es poner a reflexionar al gobierno local y al caleño del común para que juntos nos la juguemos toda por lo nuestro. Para que sea una bandera del desarrollo local, y no un montón de espectáculos sueltos, sin ningún anclaje serio que los aglutine. Nada más triste que ver cómo se van muriendo las orquestas viejas o cómo la salsa nueva es casi una utopía. O cómo el folclor pacífico vive en condiciones mendicantes. Ojalá el homenaje a Jairo Varela y la lección del Petronio Álvarez sean un punto de partida para repensar la verdadera fórmula de apoyar los que son sin duda el mayor patrimonio cultural de la ciudad.

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