Que hable el Pastor

Abril 12, 2012 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Profundo y sin pelos en la lengua. Tiene la fortaleza para decirle a una ciudad que le falta sentirse ciudad, empoderarse, comprometerse. No teme expresar que la política del Valle es un desastre. Que nos faltan líderes políticos con ética y moral. Que a pesar de las advertencias en campaña no hicimos caso. Incluso, se atreve a decir que “hay que hacer una reforma electoral porque la elección popular se convirtió en una cooptación del poder para la impunidad y eso no sólo se ve en el Valle, se ha dado en el Congreso, en el Ejecutivo, en la misma justicia”.A veces hasta levanta polvareda, como en noviembre del año pasado, cuando toda la opinión de los medios de Colombia volvió sus ojos a Cali al oír que el máximo jerarca de la Iglesia decía que el Gobierno Nacional privilegió lo militar y no avanzaba en el tema de las liberaciones. Que en Colombia se piensa más en términos de la guerra y que en esos términos la muerte de ‘Cano’ fue un trofeo de guerra.Y hace poco, a pesar de saber que más de uno se le vendría encima, no le tembló la voz al decir que hemos sido mezquinos al agradecerle a todo el mundo en el tema de las liberaciones, menos a Piedad Córdoba. Que el país necesita nobleza, no mezquindad. Pero quizás el mensaje que más cala es el que expresa sobre el valor de la vida. Porque, según él, las únicas armas que deben existir son las del Estado para impedir que maten, pero no para matar. Porque el desarme comienza en la conciencia, en la valoración y en el compromiso de proteger la vida, incluso de quien no la respeta. No es necesario ser católico para entender la fuerza de su mensaje. Pero, claro, con sus palabras la que más gana es la Iglesia de Cali, que por años mantuvo un bajo perfil, añorando a monseñor Isaías Duarte Cancino, asesinado hace diez años. Sería injusto desconocer la labor social y la voz de sacerdotes como José González, Gersaín Paz, Alexánder Matiz, a quienes conozco y admiro, entre muchos. Y el aporte de monseñor Juan Francisco Sarasti, a pesar del prolongado silencio que muchas veces se le criticó.Más que un reproche es un aleluya. Sin duda, con el talante de monseñor Darío de Jesús Monsalve, la Iglesia –como pilar de una sociedad que en su mayoría sigue siendo católica– recobra su rumbo. Porque son los líderes como él los llamados a hacer que la sociedad se repiense, reflexione. Porque son los líderes que cumplen su verdadero papel los que pueden lograr que algo cambie, que dejemos la indiferencia y ese pensamiento desastroso de que nada es con nosotros, si no toca el seno de nuestra familia.Porque esta región, tan llena de caudillos, necesita formar verdaderos líderes, como él mismo lo dice. Y entender que la ética y la moral deben ser pilares de la política y no cualidades ajenas a muchos de quienes la han ejercido en el Valle. Siga hablando, monseñor Monsalve. Siga diciendo la verdad que a veces duele pero que, sin duda, hace pensar.

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