¿Policía de Tránsito?

Febrero 02, 2012 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Que se debe reforzar el cuerpo de guardas de Tránsito en Cali es tema viejo. Que hay 380 cuando se necesitan 600 es un diagnóstico ya cantado. Que la Policía debería estar investida para ejercer dicho rol y así aumentar el cuerpo de vigías en las calles es una propuesta viejísima que hoy de nuevo sale a relucir. Lo que no está mal, siempre y cuando por fin haya definiciones y no sólo cantos a la bandera.Porque si bien es absolutamente claro que Cali necesita un cuerpo de guardas decente -dándole a decente las dos acepciones que le caben: robusto y sin tacha alguna- también es pertinente aclarar que esta es sólo una pieza del acertijo para resolver los líos del tránsito.La Policía será sin duda un bastión de apoyo para sancionar a infractores y para evitar las agresiones de las que son víctimas algunos guardas: ocho casos al mes, incluso de amenazas de muerte. Y será un control más completo, como ocurre en otras ciudades capitales importantes como Bogotá.Pero pretender que esta medida sea la cura a todos los problemas es de ilusos; lo que necesita realmente Cali es inteligencia vial, tal y como se bautiza la campaña que todos los días replica en la radio. Porque así haya mil o dos mil personas vigilando el Tránsito, no sirve de nada si no hay conciencia. Y entiendo que el mismo Secretario de Tránsito, quien se ha hecho notar en su primer mes de trabajo (además porque es un zorro viejo en las lídes públicas) tiene claro que el tema está atravesado por cultura ciudadana y prevención vial. ¿De qué otra manera se explica que en una ciudad se registren siete mil comparendos en menos de tres semanas? Que hay guardas corruptos que reciben alijo a cambio de dejar libre al conductor, por lo cual los ciudadanos no respetan el cuerpo de guardas, seguramente: manzanas podridas hay en todas partes. Pero eso no justifica el desenfreno que se ve a diario en las calles: los terminalitos, los vehículos públicos que inventan bahías no autorizadas, las ‘empresas’ de carros piratas, las motos de tres y cuatro pasajeros, los particulares que se pasan el semáforo en rojo.Para la muestra, un botón: en la Carrera 56, con Primera A oeste en la vía que conduce a los cementerios de la Aurora y El Recuerdo, pusieron reductores de velocidad en ambos sentidos. Pues bien, más de un avispado decidió irrespetar los reductores y los que iban hacia los cementerios se pasaban al carril que no tenía reductores, por donde venían en sentido contrario otros vehículos, ocasionando más de un accidente. En consecuencia tuvieron que desmontar los reductores. Una muestra de que a la hora de hacer lo que se nos pega en gana nadie nos gana.Por eso vuelvo y digo que la propuesta de poner policías a controlar el tránsito es acertada. Pero mientras no haya respeto será muy difícil ponerle orden al convulsionado tráfico de una ciudad en obra, con múltiples cierres y decenas de vías fracturadas.

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