Parques sin jíbaros y ladrones

Noviembre 06, 2013 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Si hay un sitio que le genera sentido de pertenencia a la comunidad y contribuye a crear vecindad ese es el parque. Los recuerdos de infancia, de los amores de adolescencia, de los festivales del barrio, de los reencuentros de amigos y de los abuelos que conversan mientras los refresca la brisa caleña aparecen en las nostálgicas postales de antaño con un parque de fondo.Todo aquello cambió cuando se adueñaron de ellos los jíbaros, los viciosos e incluso las bandas delincuenciales para planear allí sus fechorías. Y lo que es peor, muchos se convirtieron en escenario del asalto y de otros delitos cometidos frente a la mirada impávida de los visitantes. Así ocurrió justamente hace un año en el situado en la Calle 18 con Carrera 55 del sector Samanes, al que llegaron dos motos con cuatro asaltantes, que tras apuntar con sus armas a quienes allí se encontraban, se llevaron sus celulares y demás pertenencias. Todo ello pasó estando en ese lugar mi hijo de 4 años y su tía, de 33. Desde entonces, fue difícil pensar en el retorno a un parque, entendiendo que muchos de ellos se convirtieron en una amenaza. Esta semana se avivó la ilusión de recobrar los espacios públicos que son el corazón de nuestras microciudades, tras conocer que la Policía logró desmantelar tres bandas que operaban en parques de Santa Anita, La Campiña y Brisas de Los Andes. Eso, sumado a la iniciativa de la Secretaría de Gobierno que intervino 154 parques. Si bien, la noticia es alentadora, asusta el conocer que la misma autoridad admita que el 60% de las zonas verdes de Cali son expendios de alucinógenos. Aunque ambos, Policía y Gobierno han dicho que continuarán con esta ofensiva, vale la pena que no se conformen con lo logrado hasta ahora y que le sigan apostando al rescate de los parques caleños, vinculando a más empresas privadas al programa de apadrinamiento.Esta debe ser una cruzada a mediano y largo plazo, claro de la mano de la comunidad para que alerte sobre la presencia de jíbaros y otros delincuentes, antes que pretender remplazar la autoridad, cerrándolos y amedrentando al ‘enemigo’ con comportamientos típicos de una autodefensa, como ha ocurrido en algunos barrios.La ciudad tiene que recuperar su espacio público y renunciar a encerrarse por miedo a ser víctima de la delincuencia. Cali necesita más parques como el de El Ingenio, Pampalinda, Tequendama y La Flora, por citar algunos buenos ejemplos. Cali se merece disfrutar de sus zonas verdes, de esos árboles notables que se erigen en muchas de ellas. Porque además de crear sentido de pertenencia, es en estos lugares donde se genera la más genuina expresión de convivencia.

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