No les creo a las Farc

Septiembre 06, 2012 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

No les creo a las Farc. Y bajo esta perspectiva, no creo que pase mucho con el naciente proceso de paz. Lamento que el discurso de esta columna sea pesimista, cuando soy una idealista irremediable. Pero no siento el pálpito, ni encuentro argumentos fuertes para creer que esta vez las cosas serán distintas. Valiosa la intención del Gobierno, sin duda, más allá del análisis ácido de los ‘opinólogos’ que piensan que este es un golpe de gracia del presidente Santos, que a sus dos años de gobierno registra una baja popularidad y tiene muy lejana la posibilidad de reelegirse.Valioso el pensar de quienes creen que sólo curando las heridas es posible reconstruir el camino y entendiendo las lecciones de aquellas naciones que supieron que en el perdón de los más terribles capítulos de su historia estaba el pilar para construir la paz. Valioso que un país como el nuestro le apueste al diálogo y que el mundo entero esté expectante, porque el enfrentamiento armado que ha dado duros golpes a la guerrilla, ha demostrado también que no es suficiente para acabar con la guerra.Valioso, pero no suficiente, porque para dialogar se necesitan dos. Y en este caso, la contraparte dista mucho de su génesis de lucha de igualdad social y de ser una organización estructurada y controlada, como la pretenden hacer ver sus líderes. Es más, no creo siquiera que los cabecillas de la insurgencia tengan manejo sobre muchas de las milicias que en las grandes ciudades delinquen en alianza con las bandas. Tampoco creo que les interese abandonar el lucrativo negocio de los cultivos ilícitos y el narcotráfico y mucho menos el naciente y próspero de la minería ilegal, al que están dedicados.Y no lo creo porque para la guerrilla la lucha ideológica es un sofisma que sólo en algunos países, que parecen desconocer nuestra realidad, aún es creíble. Lo suyo es un negocio delictivo y tenebroso, además de que no conocen los escrúpulos y son incapaces de conmoverse frente al clamor de una sociedad, que quizás por ello hoy es incapaz de reconocer a las Farc como un actor político, digno de negociación alguna. Como la mayoría de los colombianos, quiero la paz, entendiendo que para lograrla habrá que tragarse muchos sapos y olvidar muchos horrores. Incluso, me molesta la actitud del ex presidente Uribe, de no reconocerle ni una al gobierno Santos y menos en el tema de los diálogos. Pero no creo que a esta guerrilla sui géneris que nos tocó padecer le interese nada distinto a la guerra. Ojalá la historia no me dé la razón.

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