Ni acoso, ni puritanismo

Ni acoso, ni puritanismo

Enero 17, 2018 - 11:45 p.m. Por: Paola Gómez

No sé en qué momento caímos en la peligrosa trampa de ver las cosas en blanco y negro. No sé cuándo las discusiones de un mundo que debería haber evolucionado volvieron a la caverna y somos incapaces de escuchar y respetar al otro. Si no estás conmigo eres mi enemigo y mereces que te abucheen, que te expulsen, eres un paria.

Eso está pasando con las reflexiones sobre los muy apasionantes y actuales temas feministas: si apoyas la lucha contra la violencia de género, si aplaudes que Hollywood rompa el silencio y surja el movimiento #MeToo eres una feminazi, una justiciera, odias a los hombres. Y si estás de acuerdo con las francesas del manifiesto en contra del puritanismo y en defensa al derecho al flirteo, eres una enemiga de la mujer, que además apoya los abusos, las violaciones… eres una ‘falócrata’.

Es una pena. Lo que venía siendo una reflexión seria en torno a las enormes inequidades que por siglos han vivido las mujeres; sobre los abusos del que muchas han sido víctimas; sobre el delito atroz del feminicidio, sobre el porqué hemos sido una sociedad permisiva con el maltrato y el machismo… Lo que venía siendo un movimiento mundial necesario está sufriendo una amenazante estigmatización y lo que es peor, está llegando a la polarización.

Incluso por quienes con etiquetas como #denunciatucerdo buscan someter al escarnio al culpable, a veces sin pruebas. O quienes ven en los hombres unos demonios a los cuales hundir. No, no es así. No es con la violencia como vamos a educar. No es con el radicalismo como vamos a crear conciencia. No es con furia, ni con odio.

Si pudiéramos alejarnos de la cómoda orilla de nuestro pensamiento absoluto, navegar mar adentro y luego buscar la luz tendríamos claridad para entender que el mundo tiene matices. Porque ni el acoso ni el puritanismo nos hacen bien. Porque no hay que descalificar a las que callaron por años, con una indolencia inmensa. Porque no está bien repetir como loras mensajes intimidantes contra quienes osan invitarnos o decirnos que estamos bellas.

Creo en el feminismo, apoyo el lenguaje incluyente, combato las violencias de género, educo a un niño para que sea un hombre respetuoso; invito a mis colegas a practicar el periodismo como un poderoso medio contra la inequidad, el machismo y los estereotipos. Pero también me gusta la galantería, sonrío con los hombres, disfruto con ellos, los admiro, los quiero, los veo como socios, no como enemigos.

No polaricemos el tema. No lo minemos desde adentro. No lo satanicemos desde afuera. No es una guerra de sexos. Y tampoco es una discusión cosmética.

En cambio, sí es la apuesta por un mundo donde la igualdad, la equidad y el respeto sean pilares, estos sí, innegociables de cualquier sociedad aquí y en Cafarnaún. ¿Es tan difícil de comprender?

Sigue en Twitter @pagope

VER COMENTARIOS
Columnistas