¡Naranjas!

¡Naranjas!

Junio 12, 2014 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Con esa inclinación por la nostalgia, tan propia del ser humano, debo decir hoy, a tres días de saberse quién será el Presidente, que extraño los días en que la campaña se hacía con girasoles, con pedagogía, con ideas y que me aterra esta tendencia de hacer política a los gritos y de defender ideas tirando naranjas. Porque siendo justos, no es solo la señora del desafortunado comercial de televisión a la que bautizaron como ‘lalocadelasnaranjas’ la que parece poseída por una fuerza sobrenatural, justo cuando menciona las palabras mágicas “educación, educación, educación” (ver video en: https://www.youtube.com/watch?v=xuShK0szwOw). Al verla descompuesta, confundiendo la valentía con la rabia, pensé que ella era el mejor símbolo de lo que ha pasado en Colombia en las recientes semanas, cuando la furia se convirtió en hábito, al defender el pensamiento en este polarizado país.Cuán dañino para la democracia, para la sociedad entera han sido estos días de desenfreno. Cuánto mal nos ha hecho creer que es con insultos y discursos de odio como se defiende una postura. Cuán ciegos nos volvimos, incluso, al pretender que el culpable era el otro, que el violento era el otro. Y con esa misma facilidad de ver la viga en el ojo ajeno nos lavamos las manos diciendo que ha sido el candidato X o el candidato Y el culpable de lo ocurrido.No señores, con nobleza admitamos que aquí la guerra sucia la hicimos todos. Que esa violencia recorrió el país entero, como una ola, esta vez no verde si no rojo sangre. Que el que más disparara agresiones, pretendía ser el más certero. Que estuvimos poseídos por la histeria y que esa histeria no fue de un solo bando. Y que por momentos pareció que solo un exorcista era capaz de extirparle el diablo del alma a Colombia. ¿En qué momento nos hicimos tan agresivos? ¿Por qué somos incapaces de tolerar al que piensa distinto? ¿Por qué cargamos un rencor tan hondo, incluso cuando en muchos casos no hemos sufrido en carne propia la violencia?Esta tarde conversaba con una joven que me decía “¿Cuál paz?. Aquí nunca va a haber paz. Mire no más cómo se tiran ellos (los candidatos)”. Por eso, más allá de a quién usted decida apoyar en las urnas –cosa que respeto y no me interesa posar de que tengo la verdad– lo que debe quedarnos tras esta contienda es una lección como sociedad. Porque este modus operandi que llegó al extremo de defender ideas con imágenes tan dolorosas como las de policías muertos por las Farc o de campesinos asesinados en lo que se conoció como falsos positivos, para lo único que sirvió fue para fomentar la violencia en un país donde se aplica el todo vale, a la hora de aplastar al otro.Y si usted contribuyó a esa locura colectiva, que sea esta la excusa para desarmarse. Porque tal y como vamos, con el Presidente que sea, con la paz que se negocie con quien se negocie nada va a cambiar mientras usted siga gritando para convencer al otro. ¡Naranjas! Así no se construye país.

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