Mujer que juzga a mujer

Mayo 19, 2016 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

“Si Rosa Elvira Cely no hubiera salido con los dos compañeros de estudio después de terminar sus clases en horas de la noche, hoy no estuviéramos lamentando su muerte”.Cuánta crueldad encierra esta frase que aún nos martilla en la cabeza. Aceptamos las amplias disculpas que la Alcaldía de Bogotá emitió días después, por la afirmación expuesta en un documento de su Secretaría Gobierno, titulado ‘Culpa exclusiva de la víctima’, acerca del crimen de Rosa Elvira Cely, ocurrido el 24 de mayo de 2012 en el Parque Nacional de Bogotá. Pero lo que no deja de sorprender es que ese argumento para rebatir la demanda que puso la familia de Rosa Elvira a la Policía, la Fiscalía y las secretarías de Gobierno y de Salud de Bogotá --por no adelantar acciones que evitaran la tortura, violación, empalada y homicidio-- haya sido emitido por una mujer.Lo digo, porque así como Rosa Elvira se convirtió en símbolo de las mujeres víctimas del feminicidio en Colombia, la abogada Luz Estella, autora de la frase, representa la crudeza con el que las mujeres muchas veces juzgamos a nuestras congéneres con reflexiones ligeras, machistas o llenas de prejuicios.Fijénse lo que dice el informe: “Todos sabían que (Javier Velasco y Mauricio Ariza, este último exculpado en el proceso) tenían comportamientos raros y los tildaban de malosos. No obstante lo anterior, Rosa Elvira Cely salió a departir con ellos, se tomaron unos tragos”. Mejor dicho, ¡quién la manda!,¡ella se lo buscó! Así de sencillo.Que usted pueda disminuir el riesgo es una cosa distinta a la odiosa frase que ha hecho escuela en Colombia: “Dio papaya”. Porque no creo que ninguna mujer en sus cabales salga a la calle a buscarse un asesinato, una violación, una golpiza o cualquier afrenta contra su dignidad.Cuántas veces, sin chistar, nuestro primer impulso es juzgar a otra mujer por el tamaño de su escote, por el largo de su falda, por su maquillaje, por andar sola, por andar ‘mal acompañada’, por sonreir demasiado, o por la forma en que les habla a los hombres.Cuántas veces juzgamos a la chica que violaron en la esquina porque debió quedarse encerrada y no andar de provocadora. O a la que dejaron sola criando a sus hijos, porque algo malo debió hacer o por meterse con cualquiera. Cuántas veces juzgamos a la mujer asesinada por su pareja, de quien sin conocimiento y con total frialdad concluimos que “eso le pasó por pendeja”.Mea culpa por todas las veces que he sido cruel con la palabra o con el pensamiento y juzgué sin pensar a otra mujer. Y antes que enjuiciar a la abogada que inculpó a Rosa Elvira de su propio asesinato, invito a todas las mujeres valiosas que conozco y a las que lean esta columna a pensarlo más de una vez, cuando cruce por su mente la seductora tentación de juzgar sin compasión a otra mujer.Sigue en Twitter @pagope

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