Mojigatería que mata

Mojigatería que mata

Agosto 30, 2017 - 11:45 p.m. Por: Paola Gómez

Vamos a hablar de hechos concretos y no de supuestos. El cáncer de cuello uterino es LA PRIMERA causa de mortalidad entre mujeres de 15 a 45 años en el mundo. En Colombia se diagnostican 5000 mujeres al año, de las cuales mueren 2000. Este año, en Cali se han registrado 138 casos de cáncer de cérvix en mujeres entre 45 y 54 años. Y, paradójicamente, en esta ciudad solamente se vacunaron 3555 menores de edad entre enero y julio del 2017.

¿Qué pasó? Que en la era de la posverdad, el eufemismo más perverso para ponerle un nombre elegantísimo a las mentiras, a cierto sector de la caverna colombiana le dio por decir que con la vacuna contra el virus del papiloma humano se incita a las adolescentes a que inicien la vida sexual. Es decir, que la vacuna es como una especie de llave de ingreso al infierno de la carne y la promiscuidad. En consecuencia, caemos redonditos en una discusión medieval entre ciencia y religión, para permitirnos validar tamaña estupidez.

Parece que en este país de libertades de papel es más fácil infundir el miedo que permitir el pensamiento. Entonces, es mejor que a las niñas no las vacunen y que se mueran. O, ¿creerán quizás que si no las vacunan ellas seguirán puras y castas?

Sigamos con hechos concretos: la Corte Constitucional dictaminó que la vacuna del virus contra el papiloma humano se debe aplicar con el consentimiento de la persona, decisión que me parece la más razonable del mundo. La Corte no ha dicho que la vacuna tiene problemas u ocasiona efectos colaterales. No hay ningún estudio que responsabilice a la vacuna de causar algún mal y por el contrario, la Organización Mundial de la Salud recomienda la inclusión de la misma en programas de prevención del cáncer cervicouterino y que sea una prioridad de la salud pública. Eso, incluso, lo dice la sentencia de la Corte.

Respeto las familias que denunciaron reacciones adversas causadas por la vacuna, entre ellas la que interpuso la tutela que produce esta sentencia, tras asegurar que la vacuna causó poliartritis y otros efectos a varias menores (finalmente la sentencia recordó que en el caso de las niñas se encontró una intoxicación por metales pesados). El Estado debe garantizar que todos los lotes de las vacunas estén buenos o advertir los efectos que ocasiona la misma.

Pero cosa muy distinta es que satanicen la vacuna porque incita a las relaciones sexuales, en un país con una alta tasa de embarazos adolescentes que evidencian, con hechos concretos, cuan temprano inicia la actividad sexual.

Me uno al llamado del secretario de Salud de Cali, Alexánder Durán, al pedir que no sea la mojigatería la que frene la aplicación de la vacuna. Porque además de que esta mojigatería puede ser mortal, lo que sin duda sí va a propagar es una epidemia nacional de morronguería.

Sigue en Twitter @pagope

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