¿Militarizar a Cali? ¡No!

¿Militarizar a Cali? ¡No!

Junio 02, 2016 - 12:00 a.m. Por: Paola Gómez

Si usted sale a la calle hoy y les pregunta a los caleños si están de acuerdo con la militarización de la ciudad y además con permitir el porte de armas, seguramente muchos responderán que sí, que sienten miedo y no pueden ir ni a un restaurante.Y si luego va y le pregunta a la autoridad policial, como ya lo hizo El País, si está de acuerdo con dicha militarización, además de responderle obviamente que no, le dirá también que varios delitos han disminuido y que el problema en gran parte es de percepción, debido a la viralización de videos de asaltos y homicidios.No creo que el problema sea solo de percepción y hasta me resulta una respuesta fácil, de cajón. Pero tampoco creo que la solución sea militarizar la ciudad para acabar con el delito. Y, en consecuencia, no pienso que armar a la ‘gente de bien’ sirva de algo; Dios nos libre de una balacera de asaltantes enfrentándose a civiles. Y menos en una ciudad, donde vivimos una especie de esquizofrenia y el temor no nos deja pensar con serenidad.Porque en el asunto de qué nos conviene más en materia de seguridad en Cali, como en el de la negociación de paz, parece que no hay lugar a puntos medios: o usted está de acuerdo con el diálogo y por ende se convierte en un castrochavista, o si no lo apoya, entonces usted es un enemigo de la paz y por ahí derecho, un ‘paraco’.No siempre las cosas son en blanco y negro. Y la polarización lo único que deja son tribunas enardecidas y tan violentas que parecen disparar con el discurso. Releyendo los comentarios a la entrevista con el comandante de la Policía Metropolitana de Cali, general Nelson Ramírez, publicada el domingo pasado, me aterra ver cómo algunos trataron de imbécil para arriba al General, por plantear que antes que una intervención militar lo que se necesita en la ciudad es intervención social. Y de paso, descalifican cualquier accionar policial, argumentando que esta es una institución minada por una suma de hechos que han obligado al ciudadano del común a perderle credibilidad. Pero si pensamos con cabeza fría, comprenderemos que muchos de nuestros problemas sí están atravesados por un rezago en inversión social, que se ha quedado corta frente al atractivo dinero y poder que ofrecen las filas de la delincuencia. Que necesitamos más vigilancia, de ello no hay duda. También, más inteligencia para desmantelar las bandas. Eso, sumado a una intervención social continua y seria y que la seguridad sea una prioridad y no solo un tema de consejo quincenal los jueves.Pero eso es muy distinto a llamar a las armas como única salida y a polarizar e insultar al que piensa distinto. Recordemos que la intolerancia es la causa de muchos delitos que hinchan las ya altas cifras de violencia en esta tierra, que urge a gritos un respiro de tranquilidad. Sigue en Twitter @pagope

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