Menores asesinos

Febrero 10, 2017 - 10:59 a.m. Por: Paola Gómez

Por un millón de pesos, un menor de 16 años mató al pastor cristiano Francisco Valencia, a unos pasitos del templo Misión Carismática del Mundo, en el centro de Cali. El homicida lo confesó sin recato, como si estuviera confesando el robo de las flores de un jardín. Como si confesara cualquier nimiedad, que no mereciera la pena. Increíble.Hace apenas un par de semanas, otro menor disparó un arma y segó la vida de una niña de 12 años del barrio Marroquín. Dice el relato oficial que su víctima abrió la puerta a un amigo, a un compañero de clases, lo invitó a entrar, mientras terminaba de alistarse y en esas el homicida sin cédula le disparó. La historia pasó casi desapercibida. Pero pasó, allá en esos barrios donde la vida no vale nada, como dice el corrido mexicano. Increíble.No es la primera vez y estoy segura, con la tristeza que ello implica, que no será la última vez que esto ocurra en Cali. O en Bogotá. O en Medellín. Porque los reclutas de sicarios saben claramente que a los menores los pueden mandar a matar sin que éstos terminen el resto de su vida en la cárcel. Porque los pequeños aprendieron a disparar, como el niño que mató a su compañera, sin sentir escalofrío, sin titubear. Increíble.Estos son los rostros de la muerte que hoy detonan armas en cualquier esquina de la ciudad. Muchos terminan en el Centro de Formación Valle del Lili, donde hoy están recluidos 210 menores, muchos de ellos con antecedentes de homicidio. Muchos de ellos, expertos en matar y con la astucia del que sabe que muy pronto quedará libre si es que antes no logra escaparse. Si es que antes sus secuaces no se lo llevan. Increíble.Las cifras son mucho más frías que las historias antes relatadas. En los últimos seis años han sido capturados en Cali 23.000 menores en hechos relacionados con violencia. Entre enero y mayo del presente año, 80 menores fueron asesinados. Hasta junio del 2010 fueron detenidos 975 menores de edad delinquiendo; 197 más que en el 2009. Increíble.Si miro hacia atrás, recuerdo perfectamente que en abril de 2009 nos estremeció la historia de Maiver, un homicida al que la Policía tuvo que esperar a que cumpliera sus 18 años para judicializarlo por los 10 homicidios de los que se le acusaba. Entonces, también se supo que el 80% de los homicidios en Cali los estaban cometiendo menores. Increíble.Esta semana, de nuevo este drama volvió a ser noticia, con la captura del autor material del asesinato del pastor de Cali, crimen que estremeció a la ciudad. Pero como siempre, siento que muy pronto pasaremos la página y con resignación tendremos que decir que nuestra laxa justicia y ese cómodo Código del Menor no permiten que los niños delincuentes reciban el castigo o el tratamiento correspondiente. Porque en últimas, ¿qué más da que se sigan cometiendo delitos en los que decenas de menores sin futuro detonan un arma? ¿qué más da si las oficinas de sicarios los siguen reclutando, si eso a mí no me afecta? ¿qué más da si no hay plata ni programas para socializar a esos menores sin esperanza, sin futuro? ¿qué más da si no nacieron pa’ semilla? Una generación desaparece ante nuestros ojos, sin que hagamos nada por detenerlo. Increíble.

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